Extraído de www.izquierda.info
Se dice a menudo que la historia la escriben los vencedores. En la Argentina le agregamos otros condimentos: también la escriben los que se atribuyen falsamente la victoria o los que negocian convenientemente con los supuestos vencidos, o los que negociaron o fueron cómplices de los asesinos.
Es así porque la tumultuosa historia de la lucha de clases en nuestro país ha dado vueltas y contra vueltas, revoluciones y contrarrevoluciones, un péndulo que se detiene en algún momento de su trayectoria y vuelve a su punto de origen. Somos un país tan inconcluso como esa trayectoria del péndulo. Nuestra política refleja eso. Las elecciones y los golpes de estado incluidos.
En la historia reciente (si, reciente) experimentamos como pueblo el terrorismo de estado de una junta militar genocida (1976-82). Cerca de 30.000 desaparecidos, incontables torturados, encarcelados y exiliados. Mas de quinientos centros de detención ilegales, incluyendo la ESMA. Todos parecen recordarlo, aunque no de la misma forma.
Antes de eso, como un prólogo macabro, sufrimos el terrorismo de estado peronista (1973-76) donde fueron asesinados y desaparecidos mas de 1.500 luchadores. Se bombardearon cientos locales de organizaciones políticas, obligaron a la mayoría a pasar a la clandestinidad.
Se abrieron los primeros cuatro campos de concentración, se torturó, se voló en pedazos a los opositores, se los acribilló a balazos.
Pocos recuerdan ese terrorismo de estado, o mejor dicho, la mayoría de los políticos prefieren olvidarlo o ignorarlo. Algunos participaron, otros tienen las solapas de sus trajes salpicados de sangre.
Contra el prólogo asesino lucharon unos cuantos, diría que muchos, incluyendo una vanguardia obrera y juvenil numerosa y sus organizaciones de izquierda y de la izquierda peronista y sectores obreros clasistas y combativos.
Contra la dictadura genocida luchamos consecuentemente un puñado de organizaciones. El terror inmovilizó a muchos, asesinó a los dirigentes, Estampó con un puño de hierro toda resistencia.
Fuimos militar y políticamente derrotados.
Todos,los que resistimos y el pueblo en general, aunque durante el tiempo transcurrido fueron miles las acciones que se llevaron a cabo contra los milicos, pequeñas y grandes, individuales y colectivas..
Los militares vinieron a terminar el trabajo mas eficientemente después que vieron fracasar al gobierno de Isabel en la tarea.
La guerrilla de Montoneros, ERP, OCPO, FAL y FAP fueron aniquiladas por los militares y el gobierno peronista antes del golpe y la represión ilegal de parapoliciales y Grupos de Tareas.
Hoy han surgido ¨historiadores¨ que intentan explicar que la guerrilla fué la causante del golpe. Los militares se apoderaron del gobierno cuando temieron que el peronismo, la Triple A y la burocracia sindical no podrían ya hacer el trabajo asesino.
La izquierda revolucionaria no guerrillera, los sectores combativos del movimiento obrero y los intelectuales y jóvenes fueron diezmados antes de la dictadura pero siguieron luchando (Coordinadoras de Trabajadores y huelga general del 75), después de la toma del poder por las FFAA fueron aniquilados o neutralizados por el terror, despedidos de sus trabajos, obligados al exilio interno o externo, al silencio forzado.
Primero con la autorización y mandato de Isabel y su gobierno, por Ministros como Cafiero, Ruckauf, Luder, Otero, Ivanisevich, la burocracia sindical, el Peronismo ortodoxo, políticos como Balbín que proferían gritos contra la “guerrilla fabril”, los neoliberales de Alsogaray, los reaccionarios como Manrique, empresarios y medios de difusión que reclamaban “paz y orden”.
Se aprobaban “decretos de aniquilación” y el gobierno peronista integró a los militares en el gabinete del que había dejado de ser un gobierno “Constitucional y democrático” (como les gusta aseverar ahora), al momento mismo que implementó el terrorismo de estado (que solo hace poco tiempo fue reconocido como tal por la Justicia).
Luego le toco el turno al Partido Militar, a la junta de Videla, Massera y Agosti que se desembarazaron de sus cómplices y socios civiles en el gobierno de Isabel por inoperantes y lentos en el trabajo de exterminio y abrieron del todo las compuertas del infierno.
Contaron para ello con la aprobación de la mayoría de las patronales nacionales y de las extranjeras que operaban en el país; la protección del Departamento de Estado, el apoyo oportunista de los medios, la integración a sus filas de lo peor de la Triple A y hasta el apoyo del Partido Comunista.
Lamentable como pueda sonar, la verdad es que el golpe contó con la aprobación o la neutralidad, sino el apoyo decidido, de una parte muy importante de la sociedad. No solo en la clase burguesa, sino entre las clases medias e incluso sectores del movimiento obrero.
Muchos aprobaron el golpe porque estaban agotados ante los asesinatos diarios, la repulsiva utilización de los medios y recursos estatales para el saqueo y la corrupción y el descalabro económico, la inflación y el mercado negro de productos de primera necesidad de la gestión de Isabel.
No descuento que algunos lo hayan hecho esperando que el nuevo gobierno militar sería como los anteriores de Lanusse – que fue obligado por la presión popular a llamar a elecciones – o de Ongania y Levingston que a pesar de creerse eternos generaron una oposición masiva que los obligó a retirarse.
Tal vez muchos pensaron el 24 de marzo de 1976 que la nueva dictadura sería una repetición de aquello. Se equivocaron.
Estos venían sedientos de sangre y habían aprendido la lección de esos fracasos anteriores.
Es difícil cuantificar cuantos de los políticos, jueces y periodistas se arrepintieron ante la evidencia de las masacres. Muy pocos se autocriticaron después.
Por el contrario, unos 30.000 radicales (si, de la UCR), Peronistas de la derecha del PJ, del Partido Demócrata Progresista (PDP), del Partido Demócrata de Mendoza, del Partido Socialista, de la ahora UCD por entonces Nueva Fuerza, del partido de Manrique, se integraron al gobierno de los militares como secretarios de estado, funcionarios de nivel en los Ministerios, gobernadores e intendentes.