Desde la Multisectorial "Paren de Fumigarnos" exigen que el Senado apruebe la Ley de Agrotóxicos que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados santafesina.
Mauricio Cornaglia en diálogo con Rodrigo Giménez para el programa ENTRELÍNEAS, uno de sus integrantes señala que es fundamental en tiempos de pandemia ya que los agrotóxicos afectan gravemente el sistema inmunológico y uno de los puntos de la ley adeás permitirían un espacio para la agroecología.
También dialogamos de otro proyecto relacionado al acceso a los alimentos para que el Estado los garantice desde mercados y ferias, siendo más sanos y económicos.
Por último nos comentó como trabajan desde la Multisectorial en este contexto de cuarentena, incluso organizando actividades.
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sábado, 23 de mayo de 2020
lunes, 18 de mayo de 2020
(ENTREVISTA) Marcos Filardi sobre este modelo de producción y consumo que lleva a pandemias
Dialogamos con el abogado Marcos Filardi, especialista en Derechos Humanos y Soberanía Alimentaria.
Filardi asegura que este modelo de producción y la forma en que nos alimentamos propician la proliferación de enfermedades y la expansión de las mismas haciéndolas pandémicas.
Filardi asegura que este modelo de producción y la forma en que nos alimentamos propician la proliferación de enfermedades y la expansión de las mismas haciéndolas pandémicas.
martes, 3 de marzo de 2020
El “gurú” de la agroecología, Eduardo Cerdá, explica por qué se debe terminar con una agricultura tan dependiente de insumos químicos
La agroecología está ganando terreno en la Argentina. Aunque debe ser confirmada oficialmente, una muestra de ello es la prometida creación de una Dirección específica dentro de la estructura de la Secretaría de Agricultura Familiar, en el Ministerio de Agricultura. Según varias fuentes, el gobierno le ha propuesto ese cargo nada menos que a Eduardo Cerdá, considerado uno de los grandes precursores de la agroecología en estas latitudes.
Cerdá, que preside desde hace unos años una red de treinta municipios que fomentan la agroecología, no lo desmiente. Todo lo contrario. “Todavía falta la designación, pero a mi me parece una propuesta interesante que el Estado visibilice este tipo de agricultura que para nosotros es la agricultura de los próximos años, pues conserva la fertilidad, que va disminuyendo el uso de los insumos, que a su vez disminuye los costos de los productores, considerando los precios en dólares que presentan, y ni hablar para los años que se vienen de tanta inestabilidad climática”, explicó el agrónomo al programa Bichos de Campo.
“A lo largo de estos años la agroecología demostró que se puede producir con rendimientos similares, pero con costos muy bajos al no usar fertilizantes, fungicidas e insecticidas”, indicó el especialista surgido hace más de veinte años en Tres Arroyos. Que contrastó: “Venimos de un proceso donde el modelo químico, industrial y predominante no dio respuestas al hambre del mundo y pormovió un uso inadecuado de los agroquímicos. Y lo dicen las Naciones Unidas, no solo yo”, enfatizó.
Escuchá el reportaje completo a Eduardo Cerdá:
“Pensá que en los años 90 la Argentina usaba 38 millones de litros de agroquímicos, y todavía no duplicó su superficie de siembra. Si duplicásemos la superficie, ¿cuántos litros de agroquímicos usaríamos por año? ¿120 millones? No. Estamos ya superando los 500 millones de litros de agroquímicos por año”, advirtió.
Luego aseguró que “no hay chance de que nuestro ecosistema pueda metabolizar tantos millones de litros. Trabajos científicos internacionales y nacionales ya establecen que tenemos agroquímicos en las nubes, en el aire, en la tierra, en lagunas y hasta en el Río Paraná”, enumeró Cerdá.
Hace muchos años que Cerdá asesora e investiga sobre las prácticas agroecológicas, pero el se resiste a ser considerado como un gurú. “Los 20 años recorridos por todo el territorio nos dieron el conocimiento necesario, y hacen que podamos conectar con muchos profesionales y productores, y difundir aún más la actividad”, explicó el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama).
Cerdá declaró que “cada vez se suman más municipios, provincias y hasta países a los postulados de una agricultura que reniega de los insumos químicos. “Recientemente adhirió a Renama el municipio de Merlo, en San Luis, e hicimos jornadas en Río Cuarto, Córdoba, y en Bolívar y Guaminí, en Buenos Aires”. No lo quiso decir, pero también un municipio de Uruguay adhirió a la red.
-¿Y por qué cree que la propuesta logra esta adhesión?
-Coincidimos en que es muy difícil estar enterrando de 300 a 500 dólares por hectárea, cuando no sabés si te va a llover o no, si vas a poder, al menos, salvar tu dinero invertido.
Cerdá puso como ejemplo un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). “Esta bolsa ya está diciendo que más del 50% de los productores quizás no pueda cubrir sus costos en maíz. Y todo esto tiene que ver con una forma de producir que aspira a rendimientos muy altos y que apuesta a un costo y una inversión que deja a muchos productores fuera del sistema porque no pueden recuperar el dinero que invierten”.
En contraste, contó el caso de productores agroecológicos del oeste de Buenos Aires, en donde el año pasado llovieron de 300 a 400 milímetros y hasta hubo productores que resignaron sus trigos como alimento para las vacas. “Sin embargo, (estos productores) no tienen deudas, no han tomado crédito, están capitalizados tras un año tan difícil. Eso habla de la resiliencia, que es poder pasar momentos difíciles”, explicó el agroecólogo.
Vea aquí la primera entrevista a Eduardo Cerdá en Bichos de Campo en junio de 2017:
Según el especialista, hoy los productores obtienen los mismos rindes que en 1990, pero con un costo mayor de inversión por hectárea en cuanto a uso de insumos.
“En los 90 hacer una hectárea de trigo en Tres Arroyos costaba 100 dólares. Al cabo de 10 años, esa misma hectárea costaba 200, y en 2015 el valor ascendió a 400 dólares. A su vez, en los 90 cosechábamos 2.500 kilos por hectárea, y la cuenta es que, ahora, con un gasto de 400 dólares la hectárea, obtenemos el mismo rinde que en los 90”, dijo Cerdá.
En esa lógica, “hablamos de que ahora deberíamos obtener de 7.500 a 10.000 kilos para estar igual que en los 90. Es una pérdida bastante angustiante, cuando la media en Tres Arroyos es de 4.000 kilos por hectárea hace cinco años”.
Desde su experiencia como asesor de campos agroecolóicos, Cerdá señaló que “nosotros estamos en esos rindes, y hasta los hemos superado, llegando incluso a lograr lotes de 6.000 kilos por hectárea, sin fertilizantes, herbicidas o fiungicidas, con un costo de 150 dólares la hectárea. Entonces ¿Qué le conviene al productor?”, preguntó.
“El productor tiene que entender que maneja organismos vivos, de los cuales uno de los más importantes es el suelo; por ende hay que cuidarlo y alimentarlo. En la Facultad nunca lo vimos desde ese lugar”, recomendó.
Desde ese punto de vista, “es inevitable complementar el sistema con la ganadería, y otra de las claves que usamos es la de los cultivos asociados, es decir el poder sembrar cultivos como trigo y cebada con cultivos acompañantes como trébol o alfalfa por poner ejemplos”.
“Así podés cosechar, por ejemplo, un trigo, y te queda otro cultivo cubriendo el suelo, evitando que crezcan malezas, y nutriéndolo, porque permite fijación de nutrientes de forma biológica. Es un margen de secuencia, y no de un cultivo solo. Ese es un cambio grande”, concluyó Cerdá.
Cerdá es ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata (UNLP) y escribió los primeros libros que se escribieron sobre agroecología en Argentina. Es el caso de uno escrito junto a Santiago Sarandón (presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología), en cuyo capítulo 16 se relata el caso del establecimiento La Aurora, en Benito Juárez, que es asesorado por Cerdá desde hace 28 años. Ese establecimiento fue elegido por la FAO como una de las 52 experiencias exitosas del mundo en agroecología.
Cerdá, que preside desde hace unos años una red de treinta municipios que fomentan la agroecología, no lo desmiente. Todo lo contrario. “Todavía falta la designación, pero a mi me parece una propuesta interesante que el Estado visibilice este tipo de agricultura que para nosotros es la agricultura de los próximos años, pues conserva la fertilidad, que va disminuyendo el uso de los insumos, que a su vez disminuye los costos de los productores, considerando los precios en dólares que presentan, y ni hablar para los años que se vienen de tanta inestabilidad climática”, explicó el agrónomo al programa Bichos de Campo.
“A lo largo de estos años la agroecología demostró que se puede producir con rendimientos similares, pero con costos muy bajos al no usar fertilizantes, fungicidas e insecticidas”, indicó el especialista surgido hace más de veinte años en Tres Arroyos. Que contrastó: “Venimos de un proceso donde el modelo químico, industrial y predominante no dio respuestas al hambre del mundo y pormovió un uso inadecuado de los agroquímicos. Y lo dicen las Naciones Unidas, no solo yo”, enfatizó.
Escuchá el reportaje completo a Eduardo Cerdá:
“Pensá que en los años 90 la Argentina usaba 38 millones de litros de agroquímicos, y todavía no duplicó su superficie de siembra. Si duplicásemos la superficie, ¿cuántos litros de agroquímicos usaríamos por año? ¿120 millones? No. Estamos ya superando los 500 millones de litros de agroquímicos por año”, advirtió.
Luego aseguró que “no hay chance de que nuestro ecosistema pueda metabolizar tantos millones de litros. Trabajos científicos internacionales y nacionales ya establecen que tenemos agroquímicos en las nubes, en el aire, en la tierra, en lagunas y hasta en el Río Paraná”, enumeró Cerdá.
Hace muchos años que Cerdá asesora e investiga sobre las prácticas agroecológicas, pero el se resiste a ser considerado como un gurú. “Los 20 años recorridos por todo el territorio nos dieron el conocimiento necesario, y hacen que podamos conectar con muchos profesionales y productores, y difundir aún más la actividad”, explicó el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama).
Cerdá declaró que “cada vez se suman más municipios, provincias y hasta países a los postulados de una agricultura que reniega de los insumos químicos. “Recientemente adhirió a Renama el municipio de Merlo, en San Luis, e hicimos jornadas en Río Cuarto, Córdoba, y en Bolívar y Guaminí, en Buenos Aires”. No lo quiso decir, pero también un municipio de Uruguay adhirió a la red.
-¿Y por qué cree que la propuesta logra esta adhesión?
-Coincidimos en que es muy difícil estar enterrando de 300 a 500 dólares por hectárea, cuando no sabés si te va a llover o no, si vas a poder, al menos, salvar tu dinero invertido.
Cerdá puso como ejemplo un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). “Esta bolsa ya está diciendo que más del 50% de los productores quizás no pueda cubrir sus costos en maíz. Y todo esto tiene que ver con una forma de producir que aspira a rendimientos muy altos y que apuesta a un costo y una inversión que deja a muchos productores fuera del sistema porque no pueden recuperar el dinero que invierten”.
En contraste, contó el caso de productores agroecológicos del oeste de Buenos Aires, en donde el año pasado llovieron de 300 a 400 milímetros y hasta hubo productores que resignaron sus trigos como alimento para las vacas. “Sin embargo, (estos productores) no tienen deudas, no han tomado crédito, están capitalizados tras un año tan difícil. Eso habla de la resiliencia, que es poder pasar momentos difíciles”, explicó el agroecólogo.
Vea aquí la primera entrevista a Eduardo Cerdá en Bichos de Campo en junio de 2017:
Según el especialista, hoy los productores obtienen los mismos rindes que en 1990, pero con un costo mayor de inversión por hectárea en cuanto a uso de insumos.
“En los 90 hacer una hectárea de trigo en Tres Arroyos costaba 100 dólares. Al cabo de 10 años, esa misma hectárea costaba 200, y en 2015 el valor ascendió a 400 dólares. A su vez, en los 90 cosechábamos 2.500 kilos por hectárea, y la cuenta es que, ahora, con un gasto de 400 dólares la hectárea, obtenemos el mismo rinde que en los 90”, dijo Cerdá.
En esa lógica, “hablamos de que ahora deberíamos obtener de 7.500 a 10.000 kilos para estar igual que en los 90. Es una pérdida bastante angustiante, cuando la media en Tres Arroyos es de 4.000 kilos por hectárea hace cinco años”.
Desde su experiencia como asesor de campos agroecolóicos, Cerdá señaló que “nosotros estamos en esos rindes, y hasta los hemos superado, llegando incluso a lograr lotes de 6.000 kilos por hectárea, sin fertilizantes, herbicidas o fiungicidas, con un costo de 150 dólares la hectárea. Entonces ¿Qué le conviene al productor?”, preguntó.
“El productor tiene que entender que maneja organismos vivos, de los cuales uno de los más importantes es el suelo; por ende hay que cuidarlo y alimentarlo. En la Facultad nunca lo vimos desde ese lugar”, recomendó.
Desde ese punto de vista, “es inevitable complementar el sistema con la ganadería, y otra de las claves que usamos es la de los cultivos asociados, es decir el poder sembrar cultivos como trigo y cebada con cultivos acompañantes como trébol o alfalfa por poner ejemplos”.
“Así podés cosechar, por ejemplo, un trigo, y te queda otro cultivo cubriendo el suelo, evitando que crezcan malezas, y nutriéndolo, porque permite fijación de nutrientes de forma biológica. Es un margen de secuencia, y no de un cultivo solo. Ese es un cambio grande”, concluyó Cerdá.
Cerdá es ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata (UNLP) y escribió los primeros libros que se escribieron sobre agroecología en Argentina. Es el caso de uno escrito junto a Santiago Sarandón (presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología), en cuyo capítulo 16 se relata el caso del establecimiento La Aurora, en Benito Juárez, que es asesorado por Cerdá desde hace 28 años. Ese establecimiento fue elegido por la FAO como una de las 52 experiencias exitosas del mundo en agroecología.
jueves, 6 de febrero de 2020
Tierras para una vida digna, producir sano y terminar con el hambre
Un fruto de la tierra que nace, se produce y se desarrolla, para luego ser consumido a cientos o miles de kilómetros de su lugar de procedencia, ¿tiene alguna lógica en un país inmenso como Argentina? Pareciera -a simple vista- que la respuesta es no. Sin embargo, esto es lo que sucede. Y viene sucediéndose desde hace décadas.
El absurdo esquema de comercialización de alimentos muestra que, por ejemplo, una planta de lechuga recorre -por lo menos- 400 kilómetros antes de ser consumida, con el consecuente gasto de flete y la inevitable generación de contaminación ambiental que se produce, por la quema de combustible fósil, entre otras aberraciones.
En medio de este muñeco de madera sin pies ni cabeza, asoma una propuesta lógica, sana, sustentable. Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra surgió la idea de las “Colonias Agroecológicas de Abastecimiento Urbano”. “La venimos impulsando desde hace aproximadamente unos 7 años, a través de distintas acciones directas. Así llegamos a nuestra primera Colonia, que es la de Luján”, dice Nahuel Levaggi, coordinador nacional de la UTT.
“La propuesta la venimos sosteniendo desde algo real y concreto, y no desde la teoría. Hoy estamos parados sobre los pilares de colonias ya existentes, en diferentes lugares del país, y podemos demostrar -desde la práctica- que este tipo de sistemas funciona”, señala. Y para que las colonias existan -y se pueda producir alimento- es fundamental el acceso a la tierra.
En los últimos treinta años, el 41% de las explotaciones agropecuarias dejaron de existir. Este dato surge de la comparación entre los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y 2018. La concentración de tierras en pocas manos creció exponencialmente. Actualmente, el 1,08 por ciento de las fincas (2473) concentra el 36,4 por ciento de la tierra (57 millones de hectáreas. Propiedades de más de 10.000 hectáreas), según el décimo tercer y último Censo Nacional Agropecuario (CNA).
En este contexto se planteó fuertemente la necesidad del apoyo del Estado para fomentar la agroecología. “La idea surge de la misma problemática, entendiendo que hay tierras disponibles del Estado”, dice Levaggi.
El CNA 2018, presentado por el INDEC de Jorge Todesca en noviembre de 2019, relevó 206 millones de hectáreas y censó 250.881 explotaciones agropecuarias. Con estos datos se constató que sólo entre 2002 y 2018 desapareció el 25,5% de las explotaciones agropecuarias.
La desaparición de las chacras (extensiones menores a 100 hectáreas) convirtió al campo en un virtual desierto. No hay personas -prácticamente- en relación a la densidad. Sólo monocultivos que -mayormente- no son alimento humano.
Se relevaron 332.721 viviendas en las EAP, de las sólo cuales 257.528 están habitadas. En ellas se identificaron 732.986 personas residentes -en más de 200 millones de hectáreas-. de las cuales 16% son socios o productores, 52% son familiares del productor y 18% son trabajadores no familiares.
Actualmente las explotaciones agropecuarias menores a 100 hectáreas son el 54,6 del total (125.023 fincas), con sólo el 2,25 de la tierra (3,5 millones de hectáreas). El agronegocio – modelo desarrollado desde los 90, profundizado en las últimas décadas y liberalizado por el macrismo- devoró toda idea de expansión humana y acentuó el hacinamiento de las poblaciones rurales en las grandes urbes.
En este contexto en el cual un puñado de personas, con enorme poder, concentran de manera hegemónica la tierra, aparece la idea de las colonias de la UTT. ¿Cómo funcionan? La propuesta de es que grupos de familias desarrollen un proyecto conjunto de vida cotidiana, en un mismo predio; donde las familias produzcan en sus propias parcelas y -para abaratar costos- se corporativicen algunos factores de producción, como las maquinarias, los galpones de empaque, algunos procesos de industrialización y la comercialización. Además que en conjunto se resuelven las necesidades colectivas como la escuela y otros elementos que van surgiendo de la propia experiencia.
“Eficientiza recursos el hecho de cooperativizar las cuestiones en común, que -si uno lo tendría que tener individualmente- no accedería, o lo mal usaría. Por ejemplo, en el caso de la colonia de Luján Jáuregui “20 de abril” hay 80 hectáreas. Son arables alrededor de 60. Si cada uno tuviera un tractor por cada parcela sería una locura. Entonces, se compró un solo tractor, con sus herramientas, para esa superficie. Ocurre lo mismo con los galpones de empaque, las salas de lavado de la verdura, compra de insumos, etcétera. En Luján las más de treinta familias comercializan en un solo punto. Entonces se hace más eficiente el uso de los recursos. Por otro lado hay mayor control, regulación, formación, por parte del Estado”, explica Levaggi.
Franz Ortega, referente de la Colonia de Luján detalla los pasos a seguir en la conformación de una colonia. “Del modo que nos organizamos nosotros fue que cada compañero tuviera una hectárea para trabajar y cultivar. Y el resto del monte quedase como una reserva de uso comunitario en la cual se colocarían proyectos de apicultura, hacer senderos turísticos y demás acciones en ese sentido, que tienen que ver con el medio ambiente”.
Pero la colonia no es solamente para la agroecología y el abastecimiento urbano, sino que además se cultivan otras cuestiones fundamentales para la propia existencia humana. “Nosotros, los campesinos, somos casi analfabetos. No sabemos ni leer ni escribir en general. Así fue que logramos conseguir armar una escuela primaria y secundaria. Los compañeros y compañeras están pudiendo capacitarse. Más adelante pensamos hacer una escuela campesina, para enseñar a cultivar a los más jóvenes”, se entusiasma Franz, quien -con sus reflexiones- refleja lo que sería una suerte de humanización, de un campo deshumanizado durante décadas.
Explica además que “nuestro modo de venta es el de la comercialización directa. Nos dedicamos a la tierra, a cultivar y producir, para que después sea vendido en las ciudades cercanas. Todos productos agroecológicos, sin químicos, todo natural”, remarca.
En tanto, Levaggi considera -además- que la propuesta de Colonia “debe ser política pública. Los estados municipales, provinciales y nacionales tienen que tomarla como iniciativa y llevarla adelante. Nosotros ya lo plasmamos en una propuesta de ley en 2016. Obviamente fue cajoneada. Todos los verdurazos que hubo fueron para tratar de impulsarla. Ante esta situación trabajamos directamente en los municipios con los que teníamos mayor relación. Le mostramos la propuesta y les gustó. Así se fueron arando las colonias de Mercedes y Gualeguaychú, donde pudimos entablar relación con los municipios y avanzamos”.
La idea es sencilla: en la enorme extensión que posee Argentina (por ejemplo, España entra 5,5 veces, o Alemania casi 8) se otorguen tierras municipales, provinciales o nacionales, propiedad del Estado, para generar Colonias. Que puedan vivir familias productoras, que produzcan, y que se comercialice en cercanías.
Máximo Rolando Ortega, productor y delegado de la UTT, representa las voluntades de cinco familias que conforman una colonia en Mercedes en la que trabajan y sueñan con abastecer a toda la zona de influencia y parte del GBA.
Cuenta que “la colonia es un esfuerzo de varios años de lucha, gestión tras gestión ante el municipio mercedino, que -a través de un comodato- nos cedió un campo”. “La idea es que, una vez diseñadas las parcelas y tras la preparación de la zona, le daremos lugar a la producción y también a especies netamente propias de la zona, algunos frutales como el durazno, el cual está desapareciendo de Mercedes, y que tiene la paradoja de que en esta ciudad se hace la Fiesta Nacional del Durazno”, señala, remarcando la contradicción.
“Nosotros tenemos como objetivo hacer que funcione un puesto mayorista, un mercado concentrador en el que consigamos nuclear a todos los compradores de aquí, de la zona de Mercedes, los verduleros, los vecinos; y también de los pueblos aledaños, como Junín, Chivilcoy y Bragado, quienes ahora tienen que trasladarse muchos kilómetros hasta el Mercado Central para abastecerse. Nosotros queremos abastecerlos desde Mercedes”, se entusiasma Roli.
En este sentido, Levaggi no duda: “Es clave que esta propuesta de vivir y producir dignamente se transforme en políticas de Estado. Hay localidades y municipios que no producen verduras, como ocurre con la mayoría de ellos. Las traen desde los mercados concentrados y centrales. Viajan kilómetros y kilómetros. La propuesta es de producción local, comercialización local, empezar a democratizar la tierra para esa producción y comercialización. Esto disminuye notablemente el precio de -por ejemplo- la lechuga, en el almacén o en la verdulería”.
“Es un círculo virtuoso”, señala, al tiempo que advierte: “Para que esto sea real, lo que nosotros estamos haciendo, experimentamos y prefiguramos, tiene que ir acompañado de una política pública estatal. Buscamos que las Colonias se repliquen en todo el país. Los compañeros y compañeras que producen necesitan tierras y producir dignamente. En 20, 30, o 50 hectáreas se puede producir muchísimo alimento para comercializar en los mercados de cercanía”.
“Creemos que estamos proyectando políticas de avanzada. El 80% de los productores de alimentos para consumo humano arriendan las tierras. La problemática es real y excede al pequeño productor. También es un problema del mediano productor. En este sentido proponemos algo que va a solucionar gran parte de ese problema. Además, Argentina tiene un problema serio con respecto al hambre. Si empezamos a arreglar los problemas de tierras, vamos a producir más, de mejor calidad, y empezaremos a resolver el tema de los kilómetros que recorren las producciones”, concluyó.
#MásColoniasMenosHambre
Fuente: https://uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar/2020/02/05/tierras-para-una-vida-digna-producir-sano-y-terminar-con-el-hambre/
El absurdo esquema de comercialización de alimentos muestra que, por ejemplo, una planta de lechuga recorre -por lo menos- 400 kilómetros antes de ser consumida, con el consecuente gasto de flete y la inevitable generación de contaminación ambiental que se produce, por la quema de combustible fósil, entre otras aberraciones.
En medio de este muñeco de madera sin pies ni cabeza, asoma una propuesta lógica, sana, sustentable. Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra surgió la idea de las “Colonias Agroecológicas de Abastecimiento Urbano”. “La venimos impulsando desde hace aproximadamente unos 7 años, a través de distintas acciones directas. Así llegamos a nuestra primera Colonia, que es la de Luján”, dice Nahuel Levaggi, coordinador nacional de la UTT.
“La propuesta la venimos sosteniendo desde algo real y concreto, y no desde la teoría. Hoy estamos parados sobre los pilares de colonias ya existentes, en diferentes lugares del país, y podemos demostrar -desde la práctica- que este tipo de sistemas funciona”, señala. Y para que las colonias existan -y se pueda producir alimento- es fundamental el acceso a la tierra.
En los últimos treinta años, el 41% de las explotaciones agropecuarias dejaron de existir. Este dato surge de la comparación entre los Censos Nacionales Agropecuarios de 1988 y 2018. La concentración de tierras en pocas manos creció exponencialmente. Actualmente, el 1,08 por ciento de las fincas (2473) concentra el 36,4 por ciento de la tierra (57 millones de hectáreas. Propiedades de más de 10.000 hectáreas), según el décimo tercer y último Censo Nacional Agropecuario (CNA).
En este contexto se planteó fuertemente la necesidad del apoyo del Estado para fomentar la agroecología. “La idea surge de la misma problemática, entendiendo que hay tierras disponibles del Estado”, dice Levaggi.
El CNA 2018, presentado por el INDEC de Jorge Todesca en noviembre de 2019, relevó 206 millones de hectáreas y censó 250.881 explotaciones agropecuarias. Con estos datos se constató que sólo entre 2002 y 2018 desapareció el 25,5% de las explotaciones agropecuarias.
La desaparición de las chacras (extensiones menores a 100 hectáreas) convirtió al campo en un virtual desierto. No hay personas -prácticamente- en relación a la densidad. Sólo monocultivos que -mayormente- no son alimento humano.
Se relevaron 332.721 viviendas en las EAP, de las sólo cuales 257.528 están habitadas. En ellas se identificaron 732.986 personas residentes -en más de 200 millones de hectáreas-. de las cuales 16% son socios o productores, 52% son familiares del productor y 18% son trabajadores no familiares.
Actualmente las explotaciones agropecuarias menores a 100 hectáreas son el 54,6 del total (125.023 fincas), con sólo el 2,25 de la tierra (3,5 millones de hectáreas). El agronegocio – modelo desarrollado desde los 90, profundizado en las últimas décadas y liberalizado por el macrismo- devoró toda idea de expansión humana y acentuó el hacinamiento de las poblaciones rurales en las grandes urbes.
En este contexto en el cual un puñado de personas, con enorme poder, concentran de manera hegemónica la tierra, aparece la idea de las colonias de la UTT. ¿Cómo funcionan? La propuesta de es que grupos de familias desarrollen un proyecto conjunto de vida cotidiana, en un mismo predio; donde las familias produzcan en sus propias parcelas y -para abaratar costos- se corporativicen algunos factores de producción, como las maquinarias, los galpones de empaque, algunos procesos de industrialización y la comercialización. Además que en conjunto se resuelven las necesidades colectivas como la escuela y otros elementos que van surgiendo de la propia experiencia.
“Eficientiza recursos el hecho de cooperativizar las cuestiones en común, que -si uno lo tendría que tener individualmente- no accedería, o lo mal usaría. Por ejemplo, en el caso de la colonia de Luján Jáuregui “20 de abril” hay 80 hectáreas. Son arables alrededor de 60. Si cada uno tuviera un tractor por cada parcela sería una locura. Entonces, se compró un solo tractor, con sus herramientas, para esa superficie. Ocurre lo mismo con los galpones de empaque, las salas de lavado de la verdura, compra de insumos, etcétera. En Luján las más de treinta familias comercializan en un solo punto. Entonces se hace más eficiente el uso de los recursos. Por otro lado hay mayor control, regulación, formación, por parte del Estado”, explica Levaggi.
Franz Ortega, referente de la Colonia de Luján detalla los pasos a seguir en la conformación de una colonia. “Del modo que nos organizamos nosotros fue que cada compañero tuviera una hectárea para trabajar y cultivar. Y el resto del monte quedase como una reserva de uso comunitario en la cual se colocarían proyectos de apicultura, hacer senderos turísticos y demás acciones en ese sentido, que tienen que ver con el medio ambiente”.
Pero la colonia no es solamente para la agroecología y el abastecimiento urbano, sino que además se cultivan otras cuestiones fundamentales para la propia existencia humana. “Nosotros, los campesinos, somos casi analfabetos. No sabemos ni leer ni escribir en general. Así fue que logramos conseguir armar una escuela primaria y secundaria. Los compañeros y compañeras están pudiendo capacitarse. Más adelante pensamos hacer una escuela campesina, para enseñar a cultivar a los más jóvenes”, se entusiasma Franz, quien -con sus reflexiones- refleja lo que sería una suerte de humanización, de un campo deshumanizado durante décadas.
Explica además que “nuestro modo de venta es el de la comercialización directa. Nos dedicamos a la tierra, a cultivar y producir, para que después sea vendido en las ciudades cercanas. Todos productos agroecológicos, sin químicos, todo natural”, remarca.
En tanto, Levaggi considera -además- que la propuesta de Colonia “debe ser política pública. Los estados municipales, provinciales y nacionales tienen que tomarla como iniciativa y llevarla adelante. Nosotros ya lo plasmamos en una propuesta de ley en 2016. Obviamente fue cajoneada. Todos los verdurazos que hubo fueron para tratar de impulsarla. Ante esta situación trabajamos directamente en los municipios con los que teníamos mayor relación. Le mostramos la propuesta y les gustó. Así se fueron arando las colonias de Mercedes y Gualeguaychú, donde pudimos entablar relación con los municipios y avanzamos”.
La idea es sencilla: en la enorme extensión que posee Argentina (por ejemplo, España entra 5,5 veces, o Alemania casi 8) se otorguen tierras municipales, provinciales o nacionales, propiedad del Estado, para generar Colonias. Que puedan vivir familias productoras, que produzcan, y que se comercialice en cercanías.
Máximo Rolando Ortega, productor y delegado de la UTT, representa las voluntades de cinco familias que conforman una colonia en Mercedes en la que trabajan y sueñan con abastecer a toda la zona de influencia y parte del GBA.
Cuenta que “la colonia es un esfuerzo de varios años de lucha, gestión tras gestión ante el municipio mercedino, que -a través de un comodato- nos cedió un campo”. “La idea es que, una vez diseñadas las parcelas y tras la preparación de la zona, le daremos lugar a la producción y también a especies netamente propias de la zona, algunos frutales como el durazno, el cual está desapareciendo de Mercedes, y que tiene la paradoja de que en esta ciudad se hace la Fiesta Nacional del Durazno”, señala, remarcando la contradicción.
“Nosotros tenemos como objetivo hacer que funcione un puesto mayorista, un mercado concentrador en el que consigamos nuclear a todos los compradores de aquí, de la zona de Mercedes, los verduleros, los vecinos; y también de los pueblos aledaños, como Junín, Chivilcoy y Bragado, quienes ahora tienen que trasladarse muchos kilómetros hasta el Mercado Central para abastecerse. Nosotros queremos abastecerlos desde Mercedes”, se entusiasma Roli.
En este sentido, Levaggi no duda: “Es clave que esta propuesta de vivir y producir dignamente se transforme en políticas de Estado. Hay localidades y municipios que no producen verduras, como ocurre con la mayoría de ellos. Las traen desde los mercados concentrados y centrales. Viajan kilómetros y kilómetros. La propuesta es de producción local, comercialización local, empezar a democratizar la tierra para esa producción y comercialización. Esto disminuye notablemente el precio de -por ejemplo- la lechuga, en el almacén o en la verdulería”.
“Es un círculo virtuoso”, señala, al tiempo que advierte: “Para que esto sea real, lo que nosotros estamos haciendo, experimentamos y prefiguramos, tiene que ir acompañado de una política pública estatal. Buscamos que las Colonias se repliquen en todo el país. Los compañeros y compañeras que producen necesitan tierras y producir dignamente. En 20, 30, o 50 hectáreas se puede producir muchísimo alimento para comercializar en los mercados de cercanía”.
“Creemos que estamos proyectando políticas de avanzada. El 80% de los productores de alimentos para consumo humano arriendan las tierras. La problemática es real y excede al pequeño productor. También es un problema del mediano productor. En este sentido proponemos algo que va a solucionar gran parte de ese problema. Además, Argentina tiene un problema serio con respecto al hambre. Si empezamos a arreglar los problemas de tierras, vamos a producir más, de mejor calidad, y empezaremos a resolver el tema de los kilómetros que recorren las producciones”, concluyó.
#MásColoniasMenosHambre
Fuente: https://uniondetrabajadoresdelatierra.com.ar/2020/02/05/tierras-para-una-vida-digna-producir-sano-y-terminar-con-el-hambre/
martes, 28 de enero de 2020
Buscan promover las huertas agroecológicas en Buenos Aires
La idea es “propiciar la promoción de un uso racional del suelo, técnicas de cultivo amigables con el ambiente, la contribución a la seguridad alimentaria, la educación ambiental, la integración social, el desarrollo local, la alimentación saludable y la valorización de los cultivos originarios y tradicionales“.
jueves, 3 de octubre de 2019
La Agroecología tuvo su primer Congreso en Mendoza
Bajo el lema “Otra agricultura es posible: cultivando interacciones para el mañana” tuvo lugar el 1er Congreso Argentino de Agroecología en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, del 18 al 20 de setiembre de 2019 que fue organizado por la Sociedad Argentina de Agroecología (SAAE). La misma se conformó el 14 de septiembre de 2018 en la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata. De esta manera, Argentina se convirtió en el segundo país de Latinoamérica que cuenta con una entidad de estas características (el primero fue Brasil con la creación de la ABA).
El Congreso
A lo largo de los 3 días se realizaron 17 mesas redondas, 16 talleres, presentaciones de pósteres, ferias de productos agroecológicos e intercambio de semillas. Se presentaron 300 ponencias de trabajos científicos y relatos de experiencias en agroecología. Se abordaron diversos ejes como el agroecosistema y los recursos naturales; diseño y manejo de los agroecosistemas de base agroecológica; paisajes y territorios; indicadores de sustentabilidad; salud y consumo; economía ecológica, desarrollo rural y movimientos sociales; agroecología y política, sistemas de conocimiento; y enfoque de género y agroecología.
Hubo 3 conferencias magistrales. La primera estuvo a cargo de Patricia Aguirre, antropóloga de la alimentación, que realizó un recorrido acerca del proceso de conformación de las primeras relaciones sociales a través de la comensalidad y de cómo fue variando nuestra dieta a lo largo del tiempo.
Al día siguiente fue el momento de Santiago Sarandón, precursor de la Agroecología en la Argentina y hoy presidente de la SAAE, quien disertó sobre “Avances y desafíos de la agroecología en América Latina”. El ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata, realizó un recorrido por los últimos 25 años de la temática y destacó la existencia de tres etapas: “la negación inicial, en la cual ni siquiera era combatida; el combate, que fue cuando comenzaron a ver que se cuestionaba el modelo; y los riesgos de la cooptación, que es el momento actual”.
Finalmente, fue el turno de Pablo Tittonell, investigador del CONICET que se desempeña en el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias de Bariloche (Río Negro), quien habló sobre “Resiliencia, adaptabilidad y el diseño de transiciones agroecológicas en tiempos de cambio global”. Su conferencia comenzó con el reconocimiento de que el debate en torno a la cooptación de la agroecología estuvo presente en varias de las discusiones del Congreso. En ese marco destacó la importancia que tiene la Declaración de Nyéléni (2015) de La Vía Campesina donde se analiza “la agroecología como elemento clave en la construcción de la Soberanía Alimentaria, y para construir estrategias conjuntas para promover la Agroecología y protegerla de los intentos de cooptación“.
El Congreso tuvo cerca de 900 inscriptos, de los cuales alrededor del 50% fueron estudiantes de agronomía, biología, etnobotánica y carreras afines.
Agroecología en disputa
Para María de la Paz Acosta, que es socióloga e investiga experiencias agroecológicas desde la mirada de las ciencias sociales, “el término ´agroecología´ fue elaborado en 1930 por Basil Bensin, un agrónomo ruso que llamó la atención sobre la utilización indiscriminada de los insumos químicos que comenzaron a implementarse en los cultivos luego de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, durante la década de 1960 y principios de 1970, en diferentes regiones del mundo surgieron planteos similares, pero en estas nuevas miradas Latinoamérica comenzaba a posicionarse sobre los agroecosistemas y la agricultura ecológica”. En relación al caso argentino, para la investigadora, “fue a mediados de la década de 1980 que varias agrupaciones agrarias comenzaron a pensar en la agroecología. Este paradigma resurgió recién a comienzos de la década de 2010, reivindicado por diferentes actores de los mundos rurales”.
Si bien aún es un término en construcción, para muchos referentes de la temática, la agroecología tiene una triple condición: como enfoque técnico-práctico, disciplina científica, y como un movimiento social. Desde esta postura, la agroecología tiene la potencialidad de convertirse en la base científica, metodológica y técnica, para el cambio agrario o una “nueva revolución agraria” a escala mundial, basada en principios tales como la biodiversidad, la eficiencia energética y la soberanía alimentaria.
Entendida de este modo la dimensión política de la agroecología es central. Sin embargo, existen posturas que tratan de presentarla como “una herramienta más”, un poco más amigable con la naturaleza, pero que incluso podría ser compatible con la agricultura convencional. Esta disputa por su definición se da tanto en los espacios científicos como organizativos, y su contenido se ve tensionado desde el Estado, las empresas y las organizaciones sociales. En los últimos años, agencias estatales como el INTA y multilaterales como la FAO, incorporaron a la agroecología como parte de sus políticas de desarrollo rural o de intervención. Pero lo más llamativo, según palabras de Paz Acosta es que “empresas transnacionales como Monsanto o Syngenta, y nacionales como Los Grobo, también están buscando encuadrarse en este giro ´ecológico´ capaz de compatibilizar los paquetes biotecnológicos con las técnicas agroecológicas”. Esto es un tema crucial dado que desde algunos sectores plantean que es posible pensar agroecología con pooles de siembra, dentro de la dinámica de los commodities a nivel mundial. Este debate no estuvo ausente durante el congreso.
Los sujetos de la Agroecología
Si bien desde lo discursivo se reivindicó a la agroecología desde su triple proceso, en la práctica el rol político fue el más desdibujado. Esto se plasmó en la poca participación de organizaciones de productores y productoras. La misma quedó prácticamente reducida a una mesa de organizaciones sociales de la que participaron organizaciones mendocinas como la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST) integrante del MNCI Vía Campesina y Crece Desde El Pie. El reclamo fue que la voz de las organizaciones tenga protagonismo en todos los debates, y no sólo en una mesa específica.
El MTE Rural, otra de las pocas organizaciones campesinas presentes, se postuló para asumir una de las vocalías de la SAAE como parte de las organizaciones con “representación en el territorio” junto con el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA) y el Círculo Argentino de Agroecología (CirAA). Luego de la votación realizada en la asamblea, el MTE Rural y el MAELA lograron 2 vocalías y tendrán el enorme desafío de llevar a ese ámbito propuestas vinculadas a las prácticas en el territorio para poder concretar un cambio en el modelo productivo, necesario y demandado cada vez por más actores.
La tierra
Un diagnóstico compartido por un sector de las y los asistentes fue que el gran ausente del Congreso fue el debate por la tenencia y el uso de la tierra. Más específicamente, la necesidad de discutir una Reforma Agraria en nuestro país. En ese sentido, el interrogante es: ¿estamos pensando la agroecología sólo para pequeños espacios o en espacios “marginales” en términos productivos, o entendemos que debería ser la base sobre la cual discutir otro modelo agroalimentario en nuestro país? Porque si es lo segundo ¿es factible hacerlo sin discutir una estructura agraria que es totalmente concentrada y desigual? En nuestro país la Reforma Agraria fue durante mucho tiempo un tema tabú. En los últimos años campesinos e indígenas, con algunas tomas y recuperación de tierras, estuvieron haciéndola de hecho. Este año el debate acerca de la centralidad de la tierra fue un eje central del 1er Foro Nacional por un Programa Agrario Soberano y Popular que se realizó en mayo en Buenos Aires y que nucleó a más de 80 organizaciones campesinas, indígenas y de la agricultura familiar de nuestro país.
Frente al agronegocio es crucial no sólo discutir la propiedad de la tierra, sino la gestión de la misma y por lo tanto, la democratización en la toma de decisiones en torno a qué se produce: la capacidad de Argentina de producir alimento sanos, más baratos y en relación con las necesidades y costumbres locales. Esto está relacionado de manera directa con la soberanía alimentaria y la necesidad de un cambio de paradigma, que no es otra cosa que la agroecología.
Producir… conocimiento
En muchas de las mesas y los debates se planteó la pregunta por la construcción del conocimiento. Ideas como diálogo de saberes, Investigación Acción Participativa, e interdisciplinariedad fueron mencionadas en varias oportunidades. Es evidente que la agroecología es, en parte, la recuperación de saberes campesinos y ancestrales, pero esto es incorporado y redefinido por la academia. Por lo tanto, la pregunta que quedó circulando es cómo se materializan esas articulaciones y qué desafíos plantean.
Con la masividad en la concurrencia y la calidad de los debates se evidenció la trascendencia de este 1er Congreso Nacional de Agroecología en el camino de demostrar que no sólo es necesario proyectar nuevas formas de producir y consumir alimentos, sino también posible llevarlas a la práctica. Para esto, el gran desafío que quedó abierto y que hay que trabajar colectivamente, es cómo potenciar la articulación entre las organizaciones campesinas, indígenas y la agricultura familiar; las organizaciones socioambientales; las y los consumidores de las ciudades; y las universidades y los espacios de construcción de conocimiento.
Por Tamara Perelmuter (*) para Huerquen
Mendoza – Buenos Aires, septiembre de 2019
(*) Tamara es una gran compañera con quién compartimos distintos espacios de lucha. Ella es becaria post doctral de Conicet y docente de la UBA; becaria del IEALC e integrante del Grupo de Estudios Rurales – Grupo de Estudios sobre Movimientos Sociales en America Latina (GER – GEMSAL / UBA). Milita en Vamos que a su vez integra el Frente Patria Grande.
Fuente: Huerquén, comunicación en colectivo
El Congreso
A lo largo de los 3 días se realizaron 17 mesas redondas, 16 talleres, presentaciones de pósteres, ferias de productos agroecológicos e intercambio de semillas. Se presentaron 300 ponencias de trabajos científicos y relatos de experiencias en agroecología. Se abordaron diversos ejes como el agroecosistema y los recursos naturales; diseño y manejo de los agroecosistemas de base agroecológica; paisajes y territorios; indicadores de sustentabilidad; salud y consumo; economía ecológica, desarrollo rural y movimientos sociales; agroecología y política, sistemas de conocimiento; y enfoque de género y agroecología.
Hubo 3 conferencias magistrales. La primera estuvo a cargo de Patricia Aguirre, antropóloga de la alimentación, que realizó un recorrido acerca del proceso de conformación de las primeras relaciones sociales a través de la comensalidad y de cómo fue variando nuestra dieta a lo largo del tiempo.
Al día siguiente fue el momento de Santiago Sarandón, precursor de la Agroecología en la Argentina y hoy presidente de la SAAE, quien disertó sobre “Avances y desafíos de la agroecología en América Latina”. El ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata, realizó un recorrido por los últimos 25 años de la temática y destacó la existencia de tres etapas: “la negación inicial, en la cual ni siquiera era combatida; el combate, que fue cuando comenzaron a ver que se cuestionaba el modelo; y los riesgos de la cooptación, que es el momento actual”.
Finalmente, fue el turno de Pablo Tittonell, investigador del CONICET que se desempeña en el Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias de Bariloche (Río Negro), quien habló sobre “Resiliencia, adaptabilidad y el diseño de transiciones agroecológicas en tiempos de cambio global”. Su conferencia comenzó con el reconocimiento de que el debate en torno a la cooptación de la agroecología estuvo presente en varias de las discusiones del Congreso. En ese marco destacó la importancia que tiene la Declaración de Nyéléni (2015) de La Vía Campesina donde se analiza “la agroecología como elemento clave en la construcción de la Soberanía Alimentaria, y para construir estrategias conjuntas para promover la Agroecología y protegerla de los intentos de cooptación“.
El Congreso tuvo cerca de 900 inscriptos, de los cuales alrededor del 50% fueron estudiantes de agronomía, biología, etnobotánica y carreras afines.
Agroecología en disputa
Para María de la Paz Acosta, que es socióloga e investiga experiencias agroecológicas desde la mirada de las ciencias sociales, “el término ´agroecología´ fue elaborado en 1930 por Basil Bensin, un agrónomo ruso que llamó la atención sobre la utilización indiscriminada de los insumos químicos que comenzaron a implementarse en los cultivos luego de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, durante la década de 1960 y principios de 1970, en diferentes regiones del mundo surgieron planteos similares, pero en estas nuevas miradas Latinoamérica comenzaba a posicionarse sobre los agroecosistemas y la agricultura ecológica”. En relación al caso argentino, para la investigadora, “fue a mediados de la década de 1980 que varias agrupaciones agrarias comenzaron a pensar en la agroecología. Este paradigma resurgió recién a comienzos de la década de 2010, reivindicado por diferentes actores de los mundos rurales”.
Si bien aún es un término en construcción, para muchos referentes de la temática, la agroecología tiene una triple condición: como enfoque técnico-práctico, disciplina científica, y como un movimiento social. Desde esta postura, la agroecología tiene la potencialidad de convertirse en la base científica, metodológica y técnica, para el cambio agrario o una “nueva revolución agraria” a escala mundial, basada en principios tales como la biodiversidad, la eficiencia energética y la soberanía alimentaria.
Entendida de este modo la dimensión política de la agroecología es central. Sin embargo, existen posturas que tratan de presentarla como “una herramienta más”, un poco más amigable con la naturaleza, pero que incluso podría ser compatible con la agricultura convencional. Esta disputa por su definición se da tanto en los espacios científicos como organizativos, y su contenido se ve tensionado desde el Estado, las empresas y las organizaciones sociales. En los últimos años, agencias estatales como el INTA y multilaterales como la FAO, incorporaron a la agroecología como parte de sus políticas de desarrollo rural o de intervención. Pero lo más llamativo, según palabras de Paz Acosta es que “empresas transnacionales como Monsanto o Syngenta, y nacionales como Los Grobo, también están buscando encuadrarse en este giro ´ecológico´ capaz de compatibilizar los paquetes biotecnológicos con las técnicas agroecológicas”. Esto es un tema crucial dado que desde algunos sectores plantean que es posible pensar agroecología con pooles de siembra, dentro de la dinámica de los commodities a nivel mundial. Este debate no estuvo ausente durante el congreso.
Los sujetos de la Agroecología
Si bien desde lo discursivo se reivindicó a la agroecología desde su triple proceso, en la práctica el rol político fue el más desdibujado. Esto se plasmó en la poca participación de organizaciones de productores y productoras. La misma quedó prácticamente reducida a una mesa de organizaciones sociales de la que participaron organizaciones mendocinas como la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST) integrante del MNCI Vía Campesina y Crece Desde El Pie. El reclamo fue que la voz de las organizaciones tenga protagonismo en todos los debates, y no sólo en una mesa específica.
El MTE Rural, otra de las pocas organizaciones campesinas presentes, se postuló para asumir una de las vocalías de la SAAE como parte de las organizaciones con “representación en el territorio” junto con el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe (MAELA) y el Círculo Argentino de Agroecología (CirAA). Luego de la votación realizada en la asamblea, el MTE Rural y el MAELA lograron 2 vocalías y tendrán el enorme desafío de llevar a ese ámbito propuestas vinculadas a las prácticas en el territorio para poder concretar un cambio en el modelo productivo, necesario y demandado cada vez por más actores.
La tierra
Un diagnóstico compartido por un sector de las y los asistentes fue que el gran ausente del Congreso fue el debate por la tenencia y el uso de la tierra. Más específicamente, la necesidad de discutir una Reforma Agraria en nuestro país. En ese sentido, el interrogante es: ¿estamos pensando la agroecología sólo para pequeños espacios o en espacios “marginales” en términos productivos, o entendemos que debería ser la base sobre la cual discutir otro modelo agroalimentario en nuestro país? Porque si es lo segundo ¿es factible hacerlo sin discutir una estructura agraria que es totalmente concentrada y desigual? En nuestro país la Reforma Agraria fue durante mucho tiempo un tema tabú. En los últimos años campesinos e indígenas, con algunas tomas y recuperación de tierras, estuvieron haciéndola de hecho. Este año el debate acerca de la centralidad de la tierra fue un eje central del 1er Foro Nacional por un Programa Agrario Soberano y Popular que se realizó en mayo en Buenos Aires y que nucleó a más de 80 organizaciones campesinas, indígenas y de la agricultura familiar de nuestro país.
Frente al agronegocio es crucial no sólo discutir la propiedad de la tierra, sino la gestión de la misma y por lo tanto, la democratización en la toma de decisiones en torno a qué se produce: la capacidad de Argentina de producir alimento sanos, más baratos y en relación con las necesidades y costumbres locales. Esto está relacionado de manera directa con la soberanía alimentaria y la necesidad de un cambio de paradigma, que no es otra cosa que la agroecología.
Producir… conocimiento
En muchas de las mesas y los debates se planteó la pregunta por la construcción del conocimiento. Ideas como diálogo de saberes, Investigación Acción Participativa, e interdisciplinariedad fueron mencionadas en varias oportunidades. Es evidente que la agroecología es, en parte, la recuperación de saberes campesinos y ancestrales, pero esto es incorporado y redefinido por la academia. Por lo tanto, la pregunta que quedó circulando es cómo se materializan esas articulaciones y qué desafíos plantean.
Con la masividad en la concurrencia y la calidad de los debates se evidenció la trascendencia de este 1er Congreso Nacional de Agroecología en el camino de demostrar que no sólo es necesario proyectar nuevas formas de producir y consumir alimentos, sino también posible llevarlas a la práctica. Para esto, el gran desafío que quedó abierto y que hay que trabajar colectivamente, es cómo potenciar la articulación entre las organizaciones campesinas, indígenas y la agricultura familiar; las organizaciones socioambientales; las y los consumidores de las ciudades; y las universidades y los espacios de construcción de conocimiento.
Por Tamara Perelmuter (*) para Huerquen
Mendoza – Buenos Aires, septiembre de 2019
(*) Tamara es una gran compañera con quién compartimos distintos espacios de lucha. Ella es becaria post doctral de Conicet y docente de la UBA; becaria del IEALC e integrante del Grupo de Estudios Rurales – Grupo de Estudios sobre Movimientos Sociales en America Latina (GER – GEMSAL / UBA). Milita en Vamos que a su vez integra el Frente Patria Grande.
Fuente: Huerquén, comunicación en colectivo
jueves, 5 de septiembre de 2019
Por la vida: Proponen un Plan Nacional de Reducción de Uso de Agrotóxicos
Por Lucía Maina para La tinta
Profesionales y organizaciones vinculadas a la salud y al ambiente elaboraron un Plan Nacional de Reducción de Uso de Agrotóxicos, que busca reducir gradualmente la aplicación de estos productos y, con ello, el riesgo y el daño al que millones de personas se encuentran expuestas por las fumigaciones en Argentina. La propuesta incluye un Programa Nacional de Estímulo a la Agroecología que busca reconvertir la producción de nuestro país hacia una agricultura libre de venenos. Dada la responsabilidad del Estado en esta problemática, sus impulsores apuestan a que la propuesta se transforme en una política pública durante el próximo gobierno, por lo que hoy presentarán al candidato a presidente y ganador de las PASO, Alberto Fernández.
“Necesitamos transformar esta realidad y desarrollar un Plan para reducir el uso de agrotóxicos en el país que no deja de aumentar cada año. Un Plan que, a medida que disminuya el consumo de agrotóxicos, vaya desarrollando una agricultura de base agroecológica”, destacan las organizaciones que impulsan el proyecto.
Entre ellas, se encuentran redes de profesionales, como la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS), y la Red Federal de Docentes por la Vida. También participa la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (RENAMA), espacios educativos como la Escuela de Nutrición de la UBA, así como colectivos y ONGs de Entre Ríos, Santa Fe, Chaco y Buenos Aires que luchan contra las fumigaciones.
La iniciativa incluye distintas herramientas a nivel nacional que buscan demostrar que “hay maneras de hacer que dejen de fumigar a la gente sin afectar la balanza comercial”, como señalan desde REDUAS. Por un lado, se contemplan dos programas complementarios, uno vinculado a la Reducción de Agrotóxicos y otro de Estímulo a la Agroecología, “para que, a medida que va disminuyendo la utilización de agrotóxicos, se mantenga los rindes con prácticas agroecológicas en un proceso de transición que incluya ganadería”. Sus impulsores señalan que, en ambos casos, “se buscará la adhesión voluntaria de los agricultores”.
La financiación de estas políticas, destacan, se realizaría a través del 0,2% del total de las retenciones nacionales aplicadas a todas las exportaciones agropecuarias del país. A ello, se suma una Normativa de Restricción de Uso de Agrotóxicos, que sería obligatoria para todos los productores.
La propuesta tiene su correlato en otros países. En Brasil, organizaciones médicas como ABRASCO y la Sociedad de Pediatría están proponiendo una ley para reducir el uso de agrotóxicos en ese territorio, mientras que, en los últimos años, Francia, Holanda, Dinamarca y Bélgica han lanzado planes para disminuir el uso y la contaminación con estos productos.
El caso de Argentina es particularmente alarmante, ya que el país consume más de 500 millones de litros de agrotóxicos, lo que se traduce en una exposición promedio de 11 litros por habitante por año, la cual aumenta notablemente en “zonas agrícolas donde las tasas de cánceres, malformaciones congénitas, autismo, hipotiroidismo, asma, etc. son varias veces superiores a las de las ciudades donde no se fumiga”, advierten lxs autorxs del plan.
Un círculo vicioso: más contaminación, menos salud
Herbicidas, insecticidas y fungicidas son utilizados diariamente en la agricultura. Se trata de productos diseñados para matar plantas e insectos, pero sus efectos en la salud humana han sido crecientemente probados en los últimos años y muchos de ellos ya han sido clasificados como cancerígenos por la Organización Mundial de la Salud. A pesar de ello, su aplicación en el país en las últimas tres décadas no ha parado de crecer.
“Según datos de las cámaras de empresas de agrotóxicos, en 1990, se aplicaron 38 millones de litros y, en 2018, se consumieron más de 500 millones de litros. En esta época, la superficie cultivada aumentó en poco más de 50% (de 20 millones de ha a 32 millones), pero el aumento del consumo de agrotóxicos es mayor al 1000% y esto se debe a que este modelo de producción es dependiente de los químicos, porque tanto las plantas como los insectos y los hongos se (…) vuelven resistentes”, expresan desde REDUAS.
Y agregan: “Este aumento continuo del consumo de agrotóxicos beneficia indudablemente a las empresas multinacionales de pesticidas que cada año facturan más y se convierten en actores esenciales de este modelo”.
Estos venenos se acumulan en el ambiente, generando una contaminación del agua, el aire y la tierra que “pone en contacto directo a la población de esos lugares con los agrotóxicos, en riesgo de que estos afecten su salud”, denuncian lxs promotorxs del plan. Y enumeran las enfermedades que puede provocar esta exposición, entre ellas, cáncer, malformaciones congénitas, abortos espontáneos, hipotiroidismo, asma, trastornos de atención, autismo y enfermedades neurológicas degenerativas. Agregan que la comida es otro de los modos de exposición: “Los agrotóxicos utilizados en múltiples cultivos contaminan los alimentos, como se verifica en estudios del propio SENASA”.
Políticas para proteger la vida
En un informe, lxs profesionales y organizaciones detallan las características del Programa Nacional de Reducción de Agrotóxicos, que fue elaborado como propuesta para el nuevo gobierno que asuma en el país en diciembre próximo. La intención, destacan, es ofrecer instrumentos específicos para incentivar el no uso de estos productos, que se complementaría con asistencia técnica del INTA y extensión agronómica universitaria.
Para ello, proponen que los productores que se sumen al programa con el compromiso de disminuir o no utilizar agrotóxicos podrían recibir créditos bancarios con tasas de interés diferenciadas respecto de los productores convencionales, además de ver reducidas en hasta un 50% las retenciones para soja, maíz y trigo.
El programa también implicaría eliminar incentivos a la importación, producción y comercialización de agroquímicos, y promover ajustes en la legislación tributaria que generen estimular la investigación, desarrollo, producción y comercialización de productos agroecológicos u orgánicos.
Con estas medidas, las metas que se buscan alcanzar son, en primer lugar, impedir que, en los próximos dos años, siga aumentando el uso de agrotóxicos en el país y, luego, lograr una disminución de un 30% en el año 2025 y de un 50% en los cinco años siguientes.
Los incentivos se complementan con la propuesta de una Normativa Nacional de Restricción de Uso de Agrotóxico, que incluye, entre otras cosas, la prohibición de las fumigaciones aéreas a partir de 2021, tal como lo establecen reglamentaciones del Parlamento Europeo. Además, establece la prohibición de los agrotóxicos de mayor peligrosidad y el uso de cualquier pesticida, bajo cualquier técnica de aplicación, en los alrededores de mil metros de zonas pobladas, áreas protegidas y aquellas de producción agroecológica. El proyecto también determina el traslado de aquellos acopios, silos, depósitos y comercios de agrotóxicos que se encuentran en pueblos y ciudades.
Otra agricultura es necesaria y posible
Las organizaciones que promueven el Plan Nacional de Reducción de Uso de Agrotóxicos denuncian que es responsabilidad del Estado y sus instituciones tomar el problema con la gravedad que tiene, y solucionarlo desde las políticas públicas. Es ante esta necesidad y también ante la certeza de que es posible cultivar sin venenos que nace esta propuesta. De hecho, tal como subrayan sus impulsorxs, la demanda de productos libres de pesticidas está creciendo en todo el mundo y en nuestro país, que, con más de 3 millones de hectáreas certificadas como orgánicas en 2016, es el segundo productor orgánico del mundo.
“Es posible cultivar sin agrotóxicos y avanzar en una Transición Agroecológica con beneficio para la salud colectiva, para el ambiente, para los consumidores y mantener o, incluso, aumentar los beneficios económicos y sociales. La Red Nacional de Municipios Agroecologicos (RENAMA) ya tiene 85.000 ha cultivadas sin una gota de agrotóxicos en las zonas de resguardo del periurbano de 14 pueblos bonaerenses y entrerrianos con muy buenos rendimientos”, afirman.
Muchas veces, los intentos de reducir el uso de agrotóxicos se enfrentan a discursos que plantean la imposibilidad de producir por fuera del modelo de los agronegocios. Ante ello, esta propuesta incluye un Programa Nacional de Estímulo a la Agroecología, que, a la vez, se vale de las múltiples experiencias ya existentes en Argentina y en el mundo.
Este programa establece un fondo nacional para la formación en técnicas de producción orgánica y agroecológica, que sería sostenida por el INTA, las facultades de Agronomía de las universidades nacionales en complemento con organizaciones sociales como el Foro Agrario Nacional. A esto, se sumarían distintos “estímulos a la producción y distribución de insumos a la agroecología (semillas, fertilizantes y biocidas orgánicos, etc.), que facilite el acceso de los mismos a los productores”.
La propuesta también recupera la experiencia de RENAMA para que municipios de zonas fumigadas puedan adherir a esta política y sostener zonas de resguardo ambiental en la periferia de los pueblos con producción libre de agrotóxicos.
Las organizaciones también incluyen en su proyecto medidas para garantizar “el acceso a la información, la participación y al control social, para reducir el uso de agroquímicos y el desarrollo de tecnologías sostenibles, ecológicas y agroecológicas”. Entre ellas, recuperan la demanda sostenida desde hace tiempo por diversos sectores de etiquetar los alimentos que contienen OGM y/o residuos de agrotóxicos. También, se busca abrir instancias de participación en el SENASA para reevaluar los riesgos de los 15 pesticidas más utilizados en el país.
Por último, desde las redes de profesionales y movimientos sociales, afirman que, si bien se trata de un plan a nivel nacional, también los gobiernos e iniciativas locales pueden avanzar en este sentido:
“No necesitamos esperar a que este Plan de Reducción se convierta en una política pública para poder desarrollarlo a nivel local, de las comunas y municipios o, incluso, a nivel de provincias. En este momento, ya se están desarrollando experiencias de agroecología en los lotes periurbanos de muchos pueblos, donde también se prohibió por ordenanza fumigaciones en las cercanías de zonas pobladas”.
Organizaciones que proponen el Plan Nacional de Reducción del Uso de Agrotóxicos: Red Universitaria de Ambiente y Salud / Médicos de Pueblos Fumigados; FESPROSA (Federación Sindical de Profesionales de la Salud); Red Federal de Docentes por la Vida; RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología); Coordinadora por una vida sin agrotóxicos de Entre Ríos, BASTA ES BASTA; Multisectorial Paren de Fumigarnos Santa Fe; Red de Salud Popular Dr. Ramon Carrillo (Chaco); CALISA (Cátedra libre de Soberanía Alimentaria); Escuela de Nutrición, UBA; Madres de Barrios Fumigados de Pergamino; Colectivo Andres Carrasco; ONG Equistica (Rosario), Grupo Ambiental Conciencia Agroecológica de 9 de Julio y Museo del Hambre (Buenos Aires).
Imagen de portada: Pablo Piovano
Fuente: www.latinta.com.ar
Profesionales y organizaciones vinculadas a la salud y al ambiente elaboraron un Plan Nacional de Reducción de Uso de Agrotóxicos, que busca reducir gradualmente la aplicación de estos productos y, con ello, el riesgo y el daño al que millones de personas se encuentran expuestas por las fumigaciones en Argentina. La propuesta incluye un Programa Nacional de Estímulo a la Agroecología que busca reconvertir la producción de nuestro país hacia una agricultura libre de venenos. Dada la responsabilidad del Estado en esta problemática, sus impulsores apuestan a que la propuesta se transforme en una política pública durante el próximo gobierno, por lo que hoy presentarán al candidato a presidente y ganador de las PASO, Alberto Fernández.
“Necesitamos transformar esta realidad y desarrollar un Plan para reducir el uso de agrotóxicos en el país que no deja de aumentar cada año. Un Plan que, a medida que disminuya el consumo de agrotóxicos, vaya desarrollando una agricultura de base agroecológica”, destacan las organizaciones que impulsan el proyecto.
Entre ellas, se encuentran redes de profesionales, como la Red Universitaria de Ambiente y Salud (REDUAS), y la Red Federal de Docentes por la Vida. También participa la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (RENAMA), espacios educativos como la Escuela de Nutrición de la UBA, así como colectivos y ONGs de Entre Ríos, Santa Fe, Chaco y Buenos Aires que luchan contra las fumigaciones.
La iniciativa incluye distintas herramientas a nivel nacional que buscan demostrar que “hay maneras de hacer que dejen de fumigar a la gente sin afectar la balanza comercial”, como señalan desde REDUAS. Por un lado, se contemplan dos programas complementarios, uno vinculado a la Reducción de Agrotóxicos y otro de Estímulo a la Agroecología, “para que, a medida que va disminuyendo la utilización de agrotóxicos, se mantenga los rindes con prácticas agroecológicas en un proceso de transición que incluya ganadería”. Sus impulsores señalan que, en ambos casos, “se buscará la adhesión voluntaria de los agricultores”.
La financiación de estas políticas, destacan, se realizaría a través del 0,2% del total de las retenciones nacionales aplicadas a todas las exportaciones agropecuarias del país. A ello, se suma una Normativa de Restricción de Uso de Agrotóxicos, que sería obligatoria para todos los productores.
La propuesta tiene su correlato en otros países. En Brasil, organizaciones médicas como ABRASCO y la Sociedad de Pediatría están proponiendo una ley para reducir el uso de agrotóxicos en ese territorio, mientras que, en los últimos años, Francia, Holanda, Dinamarca y Bélgica han lanzado planes para disminuir el uso y la contaminación con estos productos.
El caso de Argentina es particularmente alarmante, ya que el país consume más de 500 millones de litros de agrotóxicos, lo que se traduce en una exposición promedio de 11 litros por habitante por año, la cual aumenta notablemente en “zonas agrícolas donde las tasas de cánceres, malformaciones congénitas, autismo, hipotiroidismo, asma, etc. son varias veces superiores a las de las ciudades donde no se fumiga”, advierten lxs autorxs del plan.
Un círculo vicioso: más contaminación, menos salud
Herbicidas, insecticidas y fungicidas son utilizados diariamente en la agricultura. Se trata de productos diseñados para matar plantas e insectos, pero sus efectos en la salud humana han sido crecientemente probados en los últimos años y muchos de ellos ya han sido clasificados como cancerígenos por la Organización Mundial de la Salud. A pesar de ello, su aplicación en el país en las últimas tres décadas no ha parado de crecer.
“Según datos de las cámaras de empresas de agrotóxicos, en 1990, se aplicaron 38 millones de litros y, en 2018, se consumieron más de 500 millones de litros. En esta época, la superficie cultivada aumentó en poco más de 50% (de 20 millones de ha a 32 millones), pero el aumento del consumo de agrotóxicos es mayor al 1000% y esto se debe a que este modelo de producción es dependiente de los químicos, porque tanto las plantas como los insectos y los hongos se (…) vuelven resistentes”, expresan desde REDUAS.
Y agregan: “Este aumento continuo del consumo de agrotóxicos beneficia indudablemente a las empresas multinacionales de pesticidas que cada año facturan más y se convierten en actores esenciales de este modelo”.
Estos venenos se acumulan en el ambiente, generando una contaminación del agua, el aire y la tierra que “pone en contacto directo a la población de esos lugares con los agrotóxicos, en riesgo de que estos afecten su salud”, denuncian lxs promotorxs del plan. Y enumeran las enfermedades que puede provocar esta exposición, entre ellas, cáncer, malformaciones congénitas, abortos espontáneos, hipotiroidismo, asma, trastornos de atención, autismo y enfermedades neurológicas degenerativas. Agregan que la comida es otro de los modos de exposición: “Los agrotóxicos utilizados en múltiples cultivos contaminan los alimentos, como se verifica en estudios del propio SENASA”.
Políticas para proteger la vida
En un informe, lxs profesionales y organizaciones detallan las características del Programa Nacional de Reducción de Agrotóxicos, que fue elaborado como propuesta para el nuevo gobierno que asuma en el país en diciembre próximo. La intención, destacan, es ofrecer instrumentos específicos para incentivar el no uso de estos productos, que se complementaría con asistencia técnica del INTA y extensión agronómica universitaria.
Para ello, proponen que los productores que se sumen al programa con el compromiso de disminuir o no utilizar agrotóxicos podrían recibir créditos bancarios con tasas de interés diferenciadas respecto de los productores convencionales, además de ver reducidas en hasta un 50% las retenciones para soja, maíz y trigo.
El programa también implicaría eliminar incentivos a la importación, producción y comercialización de agroquímicos, y promover ajustes en la legislación tributaria que generen estimular la investigación, desarrollo, producción y comercialización de productos agroecológicos u orgánicos.
Con estas medidas, las metas que se buscan alcanzar son, en primer lugar, impedir que, en los próximos dos años, siga aumentando el uso de agrotóxicos en el país y, luego, lograr una disminución de un 30% en el año 2025 y de un 50% en los cinco años siguientes.
Los incentivos se complementan con la propuesta de una Normativa Nacional de Restricción de Uso de Agrotóxico, que incluye, entre otras cosas, la prohibición de las fumigaciones aéreas a partir de 2021, tal como lo establecen reglamentaciones del Parlamento Europeo. Además, establece la prohibición de los agrotóxicos de mayor peligrosidad y el uso de cualquier pesticida, bajo cualquier técnica de aplicación, en los alrededores de mil metros de zonas pobladas, áreas protegidas y aquellas de producción agroecológica. El proyecto también determina el traslado de aquellos acopios, silos, depósitos y comercios de agrotóxicos que se encuentran en pueblos y ciudades.
Otra agricultura es necesaria y posible
Las organizaciones que promueven el Plan Nacional de Reducción de Uso de Agrotóxicos denuncian que es responsabilidad del Estado y sus instituciones tomar el problema con la gravedad que tiene, y solucionarlo desde las políticas públicas. Es ante esta necesidad y también ante la certeza de que es posible cultivar sin venenos que nace esta propuesta. De hecho, tal como subrayan sus impulsorxs, la demanda de productos libres de pesticidas está creciendo en todo el mundo y en nuestro país, que, con más de 3 millones de hectáreas certificadas como orgánicas en 2016, es el segundo productor orgánico del mundo.
“Es posible cultivar sin agrotóxicos y avanzar en una Transición Agroecológica con beneficio para la salud colectiva, para el ambiente, para los consumidores y mantener o, incluso, aumentar los beneficios económicos y sociales. La Red Nacional de Municipios Agroecologicos (RENAMA) ya tiene 85.000 ha cultivadas sin una gota de agrotóxicos en las zonas de resguardo del periurbano de 14 pueblos bonaerenses y entrerrianos con muy buenos rendimientos”, afirman.
Muchas veces, los intentos de reducir el uso de agrotóxicos se enfrentan a discursos que plantean la imposibilidad de producir por fuera del modelo de los agronegocios. Ante ello, esta propuesta incluye un Programa Nacional de Estímulo a la Agroecología, que, a la vez, se vale de las múltiples experiencias ya existentes en Argentina y en el mundo.
Este programa establece un fondo nacional para la formación en técnicas de producción orgánica y agroecológica, que sería sostenida por el INTA, las facultades de Agronomía de las universidades nacionales en complemento con organizaciones sociales como el Foro Agrario Nacional. A esto, se sumarían distintos “estímulos a la producción y distribución de insumos a la agroecología (semillas, fertilizantes y biocidas orgánicos, etc.), que facilite el acceso de los mismos a los productores”.
La propuesta también recupera la experiencia de RENAMA para que municipios de zonas fumigadas puedan adherir a esta política y sostener zonas de resguardo ambiental en la periferia de los pueblos con producción libre de agrotóxicos.
Las organizaciones también incluyen en su proyecto medidas para garantizar “el acceso a la información, la participación y al control social, para reducir el uso de agroquímicos y el desarrollo de tecnologías sostenibles, ecológicas y agroecológicas”. Entre ellas, recuperan la demanda sostenida desde hace tiempo por diversos sectores de etiquetar los alimentos que contienen OGM y/o residuos de agrotóxicos. También, se busca abrir instancias de participación en el SENASA para reevaluar los riesgos de los 15 pesticidas más utilizados en el país.
Por último, desde las redes de profesionales y movimientos sociales, afirman que, si bien se trata de un plan a nivel nacional, también los gobiernos e iniciativas locales pueden avanzar en este sentido:
“No necesitamos esperar a que este Plan de Reducción se convierta en una política pública para poder desarrollarlo a nivel local, de las comunas y municipios o, incluso, a nivel de provincias. En este momento, ya se están desarrollando experiencias de agroecología en los lotes periurbanos de muchos pueblos, donde también se prohibió por ordenanza fumigaciones en las cercanías de zonas pobladas”.
Organizaciones que proponen el Plan Nacional de Reducción del Uso de Agrotóxicos: Red Universitaria de Ambiente y Salud / Médicos de Pueblos Fumigados; FESPROSA (Federación Sindical de Profesionales de la Salud); Red Federal de Docentes por la Vida; RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología); Coordinadora por una vida sin agrotóxicos de Entre Ríos, BASTA ES BASTA; Multisectorial Paren de Fumigarnos Santa Fe; Red de Salud Popular Dr. Ramon Carrillo (Chaco); CALISA (Cátedra libre de Soberanía Alimentaria); Escuela de Nutrición, UBA; Madres de Barrios Fumigados de Pergamino; Colectivo Andres Carrasco; ONG Equistica (Rosario), Grupo Ambiental Conciencia Agroecológica de 9 de Julio y Museo del Hambre (Buenos Aires).
Imagen de portada: Pablo Piovano
Fuente: www.latinta.com.ar
miércoles, 28 de agosto de 2019
Detectan glifosato en la tierra, el aire y el agua de Chabás
Desde el gobierno local de Chabás, al mando de Lucas Lesgart, se llevan a cabo una serie de evaluaciones ambientales para conocer más sobre el contexto natural que rodea a los habitantes. Si bien falta mucho para los resultados finales, los primeros datos preliminares muestran presencia de glifosato tanto en la tierra, el aire y el agua.
Aunque, según lo manifestado por el propio Lesgart al aire de Radio Casilda: “Los resultados son típicos de un pueblo en el que se practica la agricultura que se practica acá”. Además, explicó que “los niveles están por debajo del límite, aunque existen”.
El cómputo se lleva a cabo por científicos del CONICET y el resultado definitivo aún no está establecido. “Pueden pasar tres o cuatro años para que los tengamos”, anunció el mandatario. Chabás es una de las localidades que cuenta con iniciativas ambientales impulsadas por la gestión comunal.
Lesgart explicó que su idea es que “estos valores desaparezcan”, por lo que “hay que volcar a la agroecología muchas herramientas de gestión, producción, salud y medioambiente”. Lo cierto es que “ya no se habla de hipótesis o teorías sino ya de estudios científicos”, cerró.
Para cerrar, el referente del Frente Progresista Cívico y Social remarcó: “No quiero sacarle preocupación a esto porque tiene que ver con la salud, siento que con esto ciertos derechos se vulneran”. Y agregó que “se espera por los resultados definitivos”.
En breve saldrá un estudio escrito por parte del CONICET en el cual se detallarán las actividades evaluativas como así también los primeros datos preliminares del relevamiento ambiental. Por otro lado, también se concretó en Chabás un Campamento Sanitario para saber que enfermedades padecen los habitantes y de que fallecen.
Fuente: Casilda Plus
Ver también: https://tdconline.com.ar/lesgart-hay-que-pensar-en-un-sistema-agro-ecologico/
Aunque, según lo manifestado por el propio Lesgart al aire de Radio Casilda: “Los resultados son típicos de un pueblo en el que se practica la agricultura que se practica acá”. Además, explicó que “los niveles están por debajo del límite, aunque existen”.
El cómputo se lleva a cabo por científicos del CONICET y el resultado definitivo aún no está establecido. “Pueden pasar tres o cuatro años para que los tengamos”, anunció el mandatario. Chabás es una de las localidades que cuenta con iniciativas ambientales impulsadas por la gestión comunal.
Lesgart explicó que su idea es que “estos valores desaparezcan”, por lo que “hay que volcar a la agroecología muchas herramientas de gestión, producción, salud y medioambiente”. Lo cierto es que “ya no se habla de hipótesis o teorías sino ya de estudios científicos”, cerró.
Para cerrar, el referente del Frente Progresista Cívico y Social remarcó: “No quiero sacarle preocupación a esto porque tiene que ver con la salud, siento que con esto ciertos derechos se vulneran”. Y agregó que “se espera por los resultados definitivos”.
En breve saldrá un estudio escrito por parte del CONICET en el cual se detallarán las actividades evaluativas como así también los primeros datos preliminares del relevamiento ambiental. Por otro lado, también se concretó en Chabás un Campamento Sanitario para saber que enfermedades padecen los habitantes y de que fallecen.
Fuente: Casilda Plus
Ver también: https://tdconline.com.ar/lesgart-hay-que-pensar-en-un-sistema-agro-ecologico/
La dulce medicina de la agroecología para el amargo monocultivo fumigado
La historia se repite gracias a la terca visión del monocultivo fumigados. En diferentes medios en países tropicales de América Latina vemos las alertas ante la llegada a nuestro continente americano del nuevo hongo llamado “Fusarium raza 4”.
Esta enfermedad agrícola es tan agresiva que tiene la capacidad de destruir hoy en día grandes plantaciones de banano causando daños económicos cuantiosos para el sector agroexportador.
Para los años de 1950 en Costa Rica una primera raza de fusarium denominada el “Mal de Panamá” debido a que fue detectada por primera vez en este país causó estragos en aquel entonces sobre las plantaciones de banano. En aquel tiempo la variedad utilizada era el banano Gros Michel la cual es muy susceptible al Mal de Panamá. El Gros Michel es por mucho una de las variedades más dulces y exquisitas de banano, lastimosamente desapareció de las cadenas alimentarias transnacionales dado que es una variedad tan susceptible a la enfermedad que en monocultivos no es viable producirla.
No es casualidad que es posible producir esta variedad de banano en condiciones agroecológicas y ejemplo de ello es la Asociación de Pequeños Productores de Talamanca APPTA del Caribe Sur de Costa Rica, donde se produce de forma agroecológica la exquisita variedad de Gros Michel. APPTA está integrada por unas 600 familias de las cuales 80% son indígenas (https://www.appta.org/index.php/es/). Costa Rica tiene registradas 3298.78 hectáreas de banano orgánico frente a 50000 hectáreas en monocultivo sobre todo concentrado en trasnacionales y grandes empresarios nacionales (www.sfe.go.cr.).
El modelo de “desarrollo” agroindustrial que busca producir mercancías agrícolas para los mercados internacionales a dejado una profunda estela de impactos ambientales, dentro de los cuales podemos citar: la destrucción de bosques tropicales para expandir la frontera agrícola, contaminación de mantos acuíferos con diversos paquetes de agroquímicos afectando los sistemas de agua potable de comunidades así como afectación a ecosistemas acuáticos en general donde vemos mareas enteras de peces y anfibios muertos por intoxicación aguda entre otros fenómenos que han sido el típico escenario del enclave de monocultivos piñeros y bananeros en Costa Rica.
La deuda ecológica del modelo agroindustrial del banano se ha acumulado por los últimos 150 años por el despojo de los valles y mejores tierras que habitaron los indígenas que fueron expulsados a las zonas altas con escasa aptitud agrícola, al mismo tiempo establecieron una explotación intensiva y contaminante que también implico grandes violaciones a las personas trabajadores: bajos salarios, malos servicios de salud, persecución sindical, contratación de personas indocumentadas. En materia ambiental, la agroindustria del banano es responsables de la esterilidad de miles de personas trabajadoras que sufrieron a finales de los años setenta por los efectos de la aplicación de productos como nemagón o DBCP (DiBromoCloroPropano).
Desafiar la dinámica de la biodiversidad tropical con desiertos verdes de monocultivos y no entender las lecciones del pasado como fue la del Mal de Panamá (historia a punto de repetirse con la raza 4 de Fusarium) es un paso más en la dirección equivocada. El monocultivo en nuestras regiones biodiversas solo se puede viabilizar mediante el uso intensivo de sustancias biosidas.
Ejemplo de lo anterior y para entender como el conocimiento agronómico hoy en día ignora la enorme sabiduría indígena que demuestra que sí es posible vivir y producir alimentos en el planeta sin destruirlo podemos ver como se construyen ecosistemas agrícolas tan diferentes y tan antagonistas en una misma región de Costa Rica.
Frente a los enclaves bananeros adictos al agroquímico y que sustituyeron la dulce variedad del Gros Michel por la pazca variedad de banano Cavendish para poder mantener el monocultivo arrasado frente al Mal de Panamá hoy en día hay cientos de familias indígenas produciendo banano orgánico Gros Michel sin una gota de agro tóxicos ni de fertilizantes sintéticos. Su producción orgánica de banano y muchos otros alimentos dentro del bosque hoy en día desafía los “monocultivos mentales” (como dice Vandana Shiva). Esta producción ecológica familiar se facilita ya que siembran banano dentro del bosque, bajo los árboles de madera, fruta y medicina; al respetar el componente arbóreo se logra un microclima más fresco que evita que las esporas del hongo de la sigatoka (Mycosphaerella fijiensis) germinen agresivamente. También hay que señalar al existir mayor distancia de siembra entre las plantas de banano a pesar de su gran susceptibilidad al Mal de Panamá esta enfermedad no llega a representar daños económicos a las familias que lo producen. La señalada distancia de siembra en el sistema agroecológico, permite establecer un verdadero bosque de alimentos, madera, medicina, etc. que permite a las comunidades de Talamanca vivir en un verdadero paraíso de alimentos y marcar un límite a la expansión de la frontera del monocultivo fumigado.
Contraria a la producción de banano Gros Michel orgánico, la visión trasnacional con tal de producir más kilos de bananos por área eliminan los árboles en su totalidad y esto genera una mayor densidad de plantas de banano por área, así como un microclima que favorece la germinación y dispersión de las esporas del hongo de la sigatoka entre otros problemas más. Consecuencia de eliminar todos los árboles buscando maximizar la producción de kg de banano por área se hace necesario rociar cientos de hectáreas completas una vez a la semana con el famoso fungicida Mancocep que es el agroquímico más importado en Costa Rica.
El Programa Infantes y Salud Ambiental (ISA) de la Universidad Nacional realizó una investigación desde hace 6 años con niños escolares de 6 a 9 años en el cantón de Talamanca encontrando significativas concentraciones de sustancias tóxicas como Mancozeb en la orina. Se ha podido establecer que los niños tienen más problemas de aprendizaje y son más lentos o inquietos.
El estudio incluyó de mujeres embarazadas en Matina, donde las prácticas de fumigación de las compañías bananeras son similares a las de Talamanca encontrando un alto contenido de manganeso (uno de los componentes del Mancozeb) en el cabello de las mujeres embarazadas que participan en la investigación, lo que hace suponer que también los fetos podrían estar expuestos al tóxico, puesto que este es fácilmente absorbido por la placenta (semanariouniversidad.com).
Un estudio realizado del 2005 al 2008 en una finca agrícola ubicada en Pueblo Nuevo de Guácimo. En la finca y sus alrededores hay cultivos intensivos de banano y piña, potreros. Se encontraron que rastros de plaguicidas en pelo, lavado de los brazos y limpieza bucal de los osos perezosos analizados. Entre los plaguicidas encontrados están: ametrina, clorpirifos, clorotalonil, diazinón, difeconazol, deet, etoprofos y tiabendazol. Todos estos se utilizan en los cultivos de piña y banano. Esa contaminación es producida “probablemente por la ingesta de alimento contaminado y por contacto directo con los plaguicidas”.
El Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas de la Universidad Nacional (IRETUNA) ha encontrado el fungicida clorotalonil en un 95% de las muestras tomadas en el polvo de escuelas y casas de habitación en comunidades del Caribe costarricense cercano a plantaciones de piña y banano (Sáenz M y Sánchez J, 2008).
Lo que a todas luces es evidente para los pobladores más antiguos, la academia trasnacionalizada de monocultivos mentales lo destruye; A mayor diversidad es mayor la sustentabilidad no solo ecológica; sino económica para quienes viven de los agroecosistemas.
agronegocio, agrotóxicos, transgénicos
La lógica de desiertos mentales desmantela los agroecosistemas condenado a la dependencia de insumos externos a quienes hacen caso del consejo agronómico a sueldo para producir mercancías agrícolas.
Para ejemplificar lo mencionado sigamos retomando el caso de las bananeras. hablemos de otras diferencias en prácticas culturales de manejo que decantan en beneficios socio ambientales o, todo lo contrario.
La fertilidad y el suelo de dos sistemas muy diferentes. En los sistemas agroforestales que producen bananas en territorios indígenas se puede apreciar un constante ciclo de nutrientes gracias a las hojas y ramas que el componente arbóreo aporta y esto logra una casi absoluta independencia de insumos externos. Los monocultivos del banano pazco deben de comprar todos sus nutrientes en forma de fertilizantes sintéticos para lograr mantener la producción. Por otra parte, el no uso de herbicidas, nematicidas, entre otras sustancias, permite la presencia de una cobertura vegetal que además de aportar materia orgánica al suelo favorece la vida de múltiples organismos macro y microscópicos, mejor dicho, la vida del suelo, que es esencial para mantener el ciclo de los nutrientes y también para mantener en equilibrio a organismos que podrían en ausencia de un ecosistema diverso convertirse en plagas verdaderas. Los nemátodos se ven favorecidos en suelos empobrecidos de materia orgánica por diversas razones empezando porque lo único que les queda por comer son las raíces del cultivo de banano y por la falta de competencia en el ecosistema del suelo con otros organismos que los adversan. Sucede entonces que los ingenieros del monocultivo recurren a bastas aplicaciones de agroquímicos con destacados impactos “colaterales” con contaminación de ecosistemas, aguas, fauna y personas. Frente a esta lógica de devastar la biodiversidad para tener que fumigar e intoxicar resulta que en los suelos llenos de materia orgánica y de otras plantas (denominadas como malezas por los ingenieros) los nemátodos no representan mayor problema.
A manera de conclusión se debe de decir que las nuevas amenazas de plagas y enfermedades que arrasan los monocultivos no deben de sorprendernos y es un fenómeno biológico de esperarse en cualquier sistema agrícola que imponga uniformidad genética en donde reina la biodiversidad. El ejemplo de la producción orgánica dentro de los bosques comestibles del dulce banano orgánico Gros Michel susceptible al mal de panamá debería ser el norte a seguir. La agroecología es la dulce medicina frente a las enfermedades que acarrea el monocultivo fumigado.
Fabián Pacheco Rodríguez. Master en Agrobiología ambiental y agricultor ecológico (bloqueverde@gmail.com)
Mauricio Alvarez Mora, Geógrafo y Master en Estudios Latinoamericanos (mauricio.alvarez_m@ucr.ac.cr)
Ecoportal.net
Fuente: Acción Ecológica
Esta enfermedad agrícola es tan agresiva que tiene la capacidad de destruir hoy en día grandes plantaciones de banano causando daños económicos cuantiosos para el sector agroexportador.
Para los años de 1950 en Costa Rica una primera raza de fusarium denominada el “Mal de Panamá” debido a que fue detectada por primera vez en este país causó estragos en aquel entonces sobre las plantaciones de banano. En aquel tiempo la variedad utilizada era el banano Gros Michel la cual es muy susceptible al Mal de Panamá. El Gros Michel es por mucho una de las variedades más dulces y exquisitas de banano, lastimosamente desapareció de las cadenas alimentarias transnacionales dado que es una variedad tan susceptible a la enfermedad que en monocultivos no es viable producirla.
No es casualidad que es posible producir esta variedad de banano en condiciones agroecológicas y ejemplo de ello es la Asociación de Pequeños Productores de Talamanca APPTA del Caribe Sur de Costa Rica, donde se produce de forma agroecológica la exquisita variedad de Gros Michel. APPTA está integrada por unas 600 familias de las cuales 80% son indígenas (https://www.appta.org/index.php/es/). Costa Rica tiene registradas 3298.78 hectáreas de banano orgánico frente a 50000 hectáreas en monocultivo sobre todo concentrado en trasnacionales y grandes empresarios nacionales (www.sfe.go.cr.).
El modelo de “desarrollo” agroindustrial que busca producir mercancías agrícolas para los mercados internacionales a dejado una profunda estela de impactos ambientales, dentro de los cuales podemos citar: la destrucción de bosques tropicales para expandir la frontera agrícola, contaminación de mantos acuíferos con diversos paquetes de agroquímicos afectando los sistemas de agua potable de comunidades así como afectación a ecosistemas acuáticos en general donde vemos mareas enteras de peces y anfibios muertos por intoxicación aguda entre otros fenómenos que han sido el típico escenario del enclave de monocultivos piñeros y bananeros en Costa Rica.
La deuda ecológica del modelo agroindustrial del banano se ha acumulado por los últimos 150 años por el despojo de los valles y mejores tierras que habitaron los indígenas que fueron expulsados a las zonas altas con escasa aptitud agrícola, al mismo tiempo establecieron una explotación intensiva y contaminante que también implico grandes violaciones a las personas trabajadores: bajos salarios, malos servicios de salud, persecución sindical, contratación de personas indocumentadas. En materia ambiental, la agroindustria del banano es responsables de la esterilidad de miles de personas trabajadoras que sufrieron a finales de los años setenta por los efectos de la aplicación de productos como nemagón o DBCP (DiBromoCloroPropano).
Desafiar la dinámica de la biodiversidad tropical con desiertos verdes de monocultivos y no entender las lecciones del pasado como fue la del Mal de Panamá (historia a punto de repetirse con la raza 4 de Fusarium) es un paso más en la dirección equivocada. El monocultivo en nuestras regiones biodiversas solo se puede viabilizar mediante el uso intensivo de sustancias biosidas.
Ejemplo de lo anterior y para entender como el conocimiento agronómico hoy en día ignora la enorme sabiduría indígena que demuestra que sí es posible vivir y producir alimentos en el planeta sin destruirlo podemos ver como se construyen ecosistemas agrícolas tan diferentes y tan antagonistas en una misma región de Costa Rica.
Frente a los enclaves bananeros adictos al agroquímico y que sustituyeron la dulce variedad del Gros Michel por la pazca variedad de banano Cavendish para poder mantener el monocultivo arrasado frente al Mal de Panamá hoy en día hay cientos de familias indígenas produciendo banano orgánico Gros Michel sin una gota de agro tóxicos ni de fertilizantes sintéticos. Su producción orgánica de banano y muchos otros alimentos dentro del bosque hoy en día desafía los “monocultivos mentales” (como dice Vandana Shiva). Esta producción ecológica familiar se facilita ya que siembran banano dentro del bosque, bajo los árboles de madera, fruta y medicina; al respetar el componente arbóreo se logra un microclima más fresco que evita que las esporas del hongo de la sigatoka (Mycosphaerella fijiensis) germinen agresivamente. También hay que señalar al existir mayor distancia de siembra entre las plantas de banano a pesar de su gran susceptibilidad al Mal de Panamá esta enfermedad no llega a representar daños económicos a las familias que lo producen. La señalada distancia de siembra en el sistema agroecológico, permite establecer un verdadero bosque de alimentos, madera, medicina, etc. que permite a las comunidades de Talamanca vivir en un verdadero paraíso de alimentos y marcar un límite a la expansión de la frontera del monocultivo fumigado.
Contraria a la producción de banano Gros Michel orgánico, la visión trasnacional con tal de producir más kilos de bananos por área eliminan los árboles en su totalidad y esto genera una mayor densidad de plantas de banano por área, así como un microclima que favorece la germinación y dispersión de las esporas del hongo de la sigatoka entre otros problemas más. Consecuencia de eliminar todos los árboles buscando maximizar la producción de kg de banano por área se hace necesario rociar cientos de hectáreas completas una vez a la semana con el famoso fungicida Mancocep que es el agroquímico más importado en Costa Rica.
El Programa Infantes y Salud Ambiental (ISA) de la Universidad Nacional realizó una investigación desde hace 6 años con niños escolares de 6 a 9 años en el cantón de Talamanca encontrando significativas concentraciones de sustancias tóxicas como Mancozeb en la orina. Se ha podido establecer que los niños tienen más problemas de aprendizaje y son más lentos o inquietos.
El estudio incluyó de mujeres embarazadas en Matina, donde las prácticas de fumigación de las compañías bananeras son similares a las de Talamanca encontrando un alto contenido de manganeso (uno de los componentes del Mancozeb) en el cabello de las mujeres embarazadas que participan en la investigación, lo que hace suponer que también los fetos podrían estar expuestos al tóxico, puesto que este es fácilmente absorbido por la placenta (semanariouniversidad.com).
Un estudio realizado del 2005 al 2008 en una finca agrícola ubicada en Pueblo Nuevo de Guácimo. En la finca y sus alrededores hay cultivos intensivos de banano y piña, potreros. Se encontraron que rastros de plaguicidas en pelo, lavado de los brazos y limpieza bucal de los osos perezosos analizados. Entre los plaguicidas encontrados están: ametrina, clorpirifos, clorotalonil, diazinón, difeconazol, deet, etoprofos y tiabendazol. Todos estos se utilizan en los cultivos de piña y banano. Esa contaminación es producida “probablemente por la ingesta de alimento contaminado y por contacto directo con los plaguicidas”.
El Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas de la Universidad Nacional (IRETUNA) ha encontrado el fungicida clorotalonil en un 95% de las muestras tomadas en el polvo de escuelas y casas de habitación en comunidades del Caribe costarricense cercano a plantaciones de piña y banano (Sáenz M y Sánchez J, 2008).
Lo que a todas luces es evidente para los pobladores más antiguos, la academia trasnacionalizada de monocultivos mentales lo destruye; A mayor diversidad es mayor la sustentabilidad no solo ecológica; sino económica para quienes viven de los agroecosistemas.
agronegocio, agrotóxicos, transgénicos
La lógica de desiertos mentales desmantela los agroecosistemas condenado a la dependencia de insumos externos a quienes hacen caso del consejo agronómico a sueldo para producir mercancías agrícolas.
Para ejemplificar lo mencionado sigamos retomando el caso de las bananeras. hablemos de otras diferencias en prácticas culturales de manejo que decantan en beneficios socio ambientales o, todo lo contrario.
La fertilidad y el suelo de dos sistemas muy diferentes. En los sistemas agroforestales que producen bananas en territorios indígenas se puede apreciar un constante ciclo de nutrientes gracias a las hojas y ramas que el componente arbóreo aporta y esto logra una casi absoluta independencia de insumos externos. Los monocultivos del banano pazco deben de comprar todos sus nutrientes en forma de fertilizantes sintéticos para lograr mantener la producción. Por otra parte, el no uso de herbicidas, nematicidas, entre otras sustancias, permite la presencia de una cobertura vegetal que además de aportar materia orgánica al suelo favorece la vida de múltiples organismos macro y microscópicos, mejor dicho, la vida del suelo, que es esencial para mantener el ciclo de los nutrientes y también para mantener en equilibrio a organismos que podrían en ausencia de un ecosistema diverso convertirse en plagas verdaderas. Los nemátodos se ven favorecidos en suelos empobrecidos de materia orgánica por diversas razones empezando porque lo único que les queda por comer son las raíces del cultivo de banano y por la falta de competencia en el ecosistema del suelo con otros organismos que los adversan. Sucede entonces que los ingenieros del monocultivo recurren a bastas aplicaciones de agroquímicos con destacados impactos “colaterales” con contaminación de ecosistemas, aguas, fauna y personas. Frente a esta lógica de devastar la biodiversidad para tener que fumigar e intoxicar resulta que en los suelos llenos de materia orgánica y de otras plantas (denominadas como malezas por los ingenieros) los nemátodos no representan mayor problema.
A manera de conclusión se debe de decir que las nuevas amenazas de plagas y enfermedades que arrasan los monocultivos no deben de sorprendernos y es un fenómeno biológico de esperarse en cualquier sistema agrícola que imponga uniformidad genética en donde reina la biodiversidad. El ejemplo de la producción orgánica dentro de los bosques comestibles del dulce banano orgánico Gros Michel susceptible al mal de panamá debería ser el norte a seguir. La agroecología es la dulce medicina frente a las enfermedades que acarrea el monocultivo fumigado.
Fabián Pacheco Rodríguez. Master en Agrobiología ambiental y agricultor ecológico (bloqueverde@gmail.com)
Mauricio Alvarez Mora, Geógrafo y Master en Estudios Latinoamericanos (mauricio.alvarez_m@ucr.ac.cr)
Ecoportal.net
Fuente: Acción Ecológica
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