Ilustración: Magalí Araya Villalba.
Por lavaca.org y Lucrecia Raimondi
¿Qué ocurre con los cuidados en época de distanciamiento social y obligatorio? El informe de Cippec agrega que en los hogares que tienen a mujeres como principal sostén, y en los que hay niñes de 0 a 4 años, el 52,4 por ciento está criando sola. Es decir: sobre las mujeres cae el peso de que coman, estudien, se diviertan, jueguen, calmen la ansiedad y la angustia de estar encerrados, y un etcétera tan amplio y diverso como la vida.
El Estado debería elaborar respuestas claras y específicas para les niñes, pero no sucede. Así el peso de la no respuesta cae sobre las madres y en el mejor de los casos, sobre su familia. No hay escuela que con herramientas pedagógicas aporten a desarmar la angustia porque no hay clases. No hay encuentro con otre. Y algunas no llegan ni a tener un espacio siquiera virtual de esparcimiento o contención, sea terapias o amigues, porque no cuentan con la privacidad mínima para hacerlo.
Carla es trabajadora social en el Hospital Tornú y hace días que piensa cómo seguir manteniendo el contacto con los pacientes para brindar, aún en aislamiento, las pocas herramientas con las que cuenta la institución. “Trabajo en pediatría con poblaciones vulnerables y muy pocas veces veo un padre en rol de cuidador. El problema está desde antes: en el concepto que se tiene de madre y lo que supuestamente tiene que cumplir. Esto agrava la situación: no es que cuando se vaya el coronavirus va a dejar de pasar. Tenemos que poder seguir viéndolo. El Estado les manda tarea a les niñes, que está buenísimo, pero lo hace sin pensar que puede haber una persona que no sabe o no puede usar el celular o no tiene internet. Y así en cada situación”.
Lucía Castiñeira es maestra de primaria en jornada simple y delegada gremial del sindicato docente UTE. Está al frente de grados del primer ciclo. Las poblaciones de las dos escuelas públicas de la Comuna 15 donde trabaja tienen realidades diferentes. Desde su rol docente problematiza la situación del aislamiento preventivo respecto a que la escuela se replegó al hogar: “Ahora quedaron más al descubierto que nunca las desigualdades sociales en las condiciones materiales, de conectividad y los niveles de escolarización de lxs adultxs con quienes viven les niñes. Por ejemplo, una familia con la que trabajo que vive en un asentamiento de Paternal, son ocho hermanos que comparten un celular sin wifi para realizar las tareas. Yo a esa familia, y a otras, les mando las actividades por mail a la fotocopiadora del barrio para que las retiren ahí”.
Lucía llama por teléfono a cada una de las familias para hacer, a la distancia, cómo puede, el seguimiento pedagógico: si recibieron las tareas, con qué dificultades se encuentran. Las que atienden o responden los mensajes de WhatAapp siempre son las madres de sus alumnes. “También sé que muchas madres están sobrecargadas por las tareas de cuidado y las tareas escolares, que en su gran mayoría recaen sobre ellas”. Y frente a esta realidad excepcional en que la escuela se trasladó a las casas y la responsabilidad está en manos de las familias, Lucía entiende que el proceso de aprendizaje se tornó complejo: “Las tareas de enseñanza no deberían recaer sobre las familias porque el rol docente y la dinámica del aula son irremplazables. En general yo no mando tarea a las casas porque la responsabilidad de su formación escolar es mía, de la institución escuela y del Estado, no de las familias. Ellas aportan y trabajamos en conjunto para la educación de les niñes pero con roles diferentes”.
Además, Lucía destaca que están en una situación delicada las maestras que son madres porque al trabajo no remunerado, que les ocupa una gran parte de su tiempo por estar todo el día en la casa, se le suma el teletrabajo. “No estamos acostumbradas ni capacitadas para dar clases a distancia. Tuvimos que aprenderlo de golpe. Y para las trabajadoras maestras-madres no se contempló ninguna licencia, que sobre todo necesitan las que están solas a cargo de sus hijes”.
Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo las mujeres realizan el 76 por ciento de las tareas no remuneradas: las domésticas y de cuidado. Cuando en la casa hay niñes, el tiempo dedicado es mayor: las mujeres sin niñes menores de 6 años a cargo realizan el 72,7 por ciento de estas tareas, mientras que quienes tienen 2 o más se hacen cargo del 77,8 por ciento de ellas.
En soledad, es insoportable.
Aislamiento y violencia machista, parte I. En la justicia: cuarentena violenta

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